martes, enero 16, 2007

Les presento a mi padre

Mi padre nació en 1906 en un pueblo maravilloso enclavado en el altiplano de El Quiché. El pueblo se llama Chichicastenango y originalmente era un pueblo de indios con algunos ladinos, como llamamos aquí a los mestizos, asentados alrededor del parque. Mis abuelos sentían el gusto por los nombres romanos y los bíblicos, de manera que entre los tíos hubo Augusto, Julia, Marta. A mi padre lo llamaron Ovidio. Como en Chichi no había un instituto de secundaria, mi padre fue a estudiar a Quetzaltenango, de donde pasó a la Ciudad de Guatemala.

Comenzó a trabajar como linotipista en El Imparcial, diario mítico sobre todo por la página cultural de César Brañas, uno de los más destacados poetas guatemaltecos, donde hubo colaboraciones --cómo iba a poder el diario pagar esos honorarios-- de gente de renombre internacional: franceses, españoles e italianos, sobre todo, a los que César conoció durante su estancia en Europa en los años veinte, cuando tantos americanos iban a París atraídos como bichitos por la luz que emitía.

Pronto el director del periódico se dio cuenta de las dotes de mi padre para escribir y pasó al cargo de reportero. Pero ya en la redacción, aquel joven inquieto decidió aprender fotografía y entonces se estableció en el diario como reportero gráfico. Es decir, escribía sus notas y tomaba sus propias fotos. Generalmente eso no sucede en los diarios, pero mi padre escribía como los ángeles y tomaba fotos espectaculares.

A los veintitantos conoció a mi madre que tenía quince. Mamá era una joven guapísima; mi padre no era precisamente guapo sino muy talentoso. Se reunían por la tarde en el parque de Isabel la Católica ante la mirada terrible de mi tío Aurelio, que no permitía más que algún apretón de manos. Cuando ella tenía dieciséis se casaron en contra de la opinión de mis abuelos maternos. Se escaparon a la población de Mixco, que ahora ha sido tragada por la ciudad, mintieron sobre la edad de ella y se casaron en una ceremonia rápida y sin boato.

La tercera casa que ocupó aquella pareja, cuando ya habíamos nacido mi hermano Ricardo y yo, quedaba en el centro de la ciudad, a dos cuadras de la Catedral. Allí mi padre tenía su estudio en el segundo piso, porque había descubierto su pasión por la pintura y la escultura; además, acomodó la habitación vecina a su estudio como laboratorio fotográfico.

No sé de dónde sacaba tiempo para trabajar y además pintar, esculpir, tocar piano o guitarra, destrezas que aprendió por su cuenta porque le gustaban. Recuerdo que llegaba a casa cuando terminaba sus labores en el periódico, tocaba el piano para mamá y para nosotros, cenaba y luego subía al estudio o al laboratorio.

Con sus propias manos preparaba los bastidores y las telas para sus pinturas. Una vez al año iba a pasar vacaciones a la orilla del lago de Atitlán y a Chichi, que eran sus lugares favoritos. Desde los cuatro años me encaramaba yo con él en el autobús que nos llevaba primero al lago, a la Casa Contenta, en Panajachel. Recuerdo los panqueques del desayuno, antes de paratir hacia algún lugar despejado, llevando papá el caballete, al que iban adosadas dos telas vírgenes y la caja con los pinceles, las pinturas y el aguarrás.

Yo acarreaba mi propia cajita con acuarelas, pinceles y papel. A veces pintaba, a veces me iba por aquellos montes o playas a explorar el mundo. Mi país era otro país y la gente era amable. Lo más que podría sucederme es que alguna señora bien intencionada me diera un vaso de limonada o alguna tortilla con queso. Siempre regresaba a admirarme del avance del cuadro, o de los cuadros, porque papá trabajaba con gran rapidez para reproducir la luz de cierta hora.

Fue profesor en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y a su debido tiempo la dirigió, durante la época de la Revolución de Octubre del 44, cuando el dictador Ubico había sido defenestrado.

Mi padre fue un hombre dotado con muchas capacidades, pero destacó en la pintura y en la fotografía. La mayoría de sus cuadros se fueron del país porque eran hermosos paisajes de dos de los lugares que ya eran turísticos en los años treinta y cuarenta, y tenían, como los Garavito y los Gálvez Suárez, un buen mercado; pero muchos óleos todavía me lo recuerdan desde las paredes de las casas de mis hermanos, de mis hijas y de la mía.

9 Comments:

Blogger charakotel said...

Bueno, ya me dejó picado. A ver si nos comparte algunas de las fotos o pinturas.


Saludos señora.

7:24 p. m.  
Blogger Jagilcorzo said...

Estimada Ana María:
A mi también me gustaría ver la obra artística de tu padre.
Tengo varios libros de arte chapín, pero solamente he visto en uno, la reproducción de una pintura de Ovidio, creo que de un paisaje de Xela.
Mi madre, prima hermana de tu papá, siempre me ha hablado de sus talentos en la pintura y el dibujo.
Ella aún lo menciona con cariño, lo recuerda especialmente cuando visitaba nuestra casa en Chichi, acompañado de su guitarra e interpretaba bella canciones con muy buena voz.
Lamento, no haber sido mayor durante esa época, para haber podido disfrutar a tu papá también.
Un abrazo.

8:08 p. m.  
Blogger Lu! said...

Me uno a la petición de ver una pintura o una foto...

Un gran gusto conocer a Ana María Rodas, pero es más lindo conocer a Ana.
Me encanta pasar por aca y encontrarme con tus escritos que cada vez me pintan más imágnes de tu vida, gracias por comartir!


saluditos muchos!

8:16 p. m.  
Blogger Goathemala said...

Admiro desde sus letras a su padre. Si en aquella época pudo ser tan polifacético y autodidacta imagino lo que podría hacer en la nuestra donde la tecnología nos brinda tantas oportunidades. Por ejemplo, un blog con el que comunicarnos.


Abrazos de ambos.

6:53 a. m.  
Blogger Gálvez Suárez said...

Todavía andarán juntos, Rodas Corzo y Gálvez Suárez, en la pensión chihuilá... tendrá usted fotos de ellos juntos?

Un abrazo Ana María y gracias por hacerme sentir la nostalgia de lo que no viví.

Arnoldo

11:01 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Decidido, Ana: me voy a leer todo tu blog. Cobre todo, este.
Aída

12:45 p. m.  
Anonymous José Roberto Leonardo said...

Amena y pintoresca redacción,se siente la añoranza y el color vívido del relato. Interesante la vida de su padre, Ana María.
Espero poder verla de nuevo,
saludos y abrazos...

4:48 p. m.  
Anonymous JORGE RODAS jr. said...

Es un honor tener un abuelo como ovidio....te felicito tia por recordar con tanto carino al abuelito que nosotros sus nietos nunca pudimos disfrutar como hubieramos querido.Lo lindo es que varios de sus nietos y bisnietos heredamos de el los dotes de pintura y fotografia...no cabe duda que todo viene en la sangre.....con amor JORGE RODAS jr.

7:52 p. m.  
Blogger Brenda Zabála said...

El fue un gran periodista..... y en honor a el deberiar crear la pagina oficial en wikipedia de el,...
Soy estudiante de Comunicaciòn, y en mi salòn se habla de èl y de otros periodistas......
Porfavor honren su memoria, creen su biografia en wikipedia,....

9:37 a. m.  

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