sábado, noviembre 10, 2007

Climas destemplados, enero 2006

A través de los vidrios veo pasar unas nubes que podrían ser gordas si su tela luminosa no fuera estirándose, al correr por el cielo, por la prisa del viento norte. Hemos tenido unas navidades --que no acaban sino hasta el día de Reyes--, bastante tropicales y no ha sido sino hasta anoche que el viento comenzó a encresparse y a filtrar el frío por los resquicios de las ventanas del dormitorio.

Las cabañuelas, decían los abuelos; ahora sabemos que el asunto se refiere a las zonas de alta presión que chocan con las de baja presión y producen chubascos, calores y humedad alta. Prefería las explicaciones populares, anteriores a los satélites artificiales. Eran más poéticas y contenían suficiente magia para hacernos creer que el mes de enero, además de enfrentarnos a los apuros económicos, resultado de los despilfarros de Navidad, nos revelaba cómo iban a ser el invierno, como le llamamos a la época de lluvias, las sequías, los calores del verano y los diluvios inacabables de septiembre y octubre.

Sobre la magia hablábamos en la reunión a mediados de diciembre. El tema era Harry Potter, el niño fabuloso creado por J. K. Rowling y que ha llenado de ilusiones y de fantasías las cabezas de mucha gente en el mundo. Harry Potter, el niño mago cuyas acciones han invadido hasta el celuloide. Que ya no es celuloide, material peligroso porque puede incendiarse él solo y producir desastres.

Beatriz era la más entusiasta; los oscuros ojos le centelleaban a la luz de las llamas en la chimenea cuando me instaba a leer todos los libros de Rowling; Carolina trajinaba con el pavo, pero escuchaba atenta porque también ella posee la facultad de apreciar las quimeras que facilitan el tránsito por este mundo. Es preciso disfrutar de una inteligencia especial para deslizarse por entre las fábulas, los cuentos de hadas, los mitos, las leyendas. Quien posee esa capacidad ya tiene ganado un espacio interior amable y terso en donde se puede olvidar las asperezas habituales del mundo.

No sé si fue Andrés quien soltó de pronto que la película que se proyectaba en Guatemala en esos días está doblada al español y que por ello pierde la sagacidad y el sentido del humor británicos. Se me quitó el deseo de ir al cine y decidí alquilarla en video, deseo que aún no he cumplido porque los días se me han ido al lado de la familia y los amigos.

Pero ayer, cuando trataba de retornar a la vida diaria dando un rodeo para no recibir el regaderazo frío que supone el contexto nacional, entré a la red y me hallé, en la página de la BBC, con que los celosos miembros de la Iglesia Cristiana de Alamogordo, una localidad de Nuevo México, en Estados Unidos, habían festejado la entrada del año nuevo haciendo una inmensa pira con los libros de Harry Potter, porque son satánicos.

Pensé en los libros quemados en 1954 por los celosos funcionarios del mal llamado gobierno de la Liberación. Recordé la persecución de sacerdotes, monjas y catequistas en el país durante los años de la violencia. Volví a hacerme consciente de los fundamentalismos incrustados a la fuerza en esta tierra por los gobiernos de Estados Unidos y de Guatemala en su afán por destruir cualquier aspiración de justicia.

Armada de curiosidad me fui a la página de la tal iglesia cristiana y pude darme cuenta de que se trata de una empresa millonaria, que cuenta con más de media docena de cuadros visibles --hombres y mujeres, respetando la polítical correctness con que se encubren tantos desmanes en la Tierra-- que atiende cuestiones de divorcios, embarazos de madres solteras, que dirige grupos de solteros (no de los que ustedes imaginan) de matrimonios, y hasta posee una venta de ropa usada para los pobres por aquella certeza, firmemente anclada en la mente de los proclives a las obras de caridad, de que los pobres sólo merecen ropa usada.

Su cabeza espiritual, el pastor Jack Brock pronunció un fervoroso sermón antes de la quema de los libros, diciendo que tras la cara de ángel de Harry Potter se esconde el poder satánico de las tinieblas y afirmando que en realidad, Harry Potter es el diablo y está destruyendo a la gente.

Medito sobre estas cosas esta mañana, cuando escribo mi columna, la primera del año, y creo que es bueno estirar, hasta donde sea posible, el sentido tibio y amoroso de la temporada navideña, aunque sé que más tarde o más temprano, vamos a tropezar con las burradas de nuestros gobernantes, que serían solo eso, burradas, si no fuera porque estando donde están sus acciones cobran fuerza e importancia.


El nombre de Irak pasa raudo por el cerebro y logro espantarlo. Siguen las nubes corriendo por el cielo y el sol ha logrado traspasarlas, para hacer brillar los pinos de la Universidad del Valle. En unos cuantos días estaré en otra universidad, y serán los alumnos con sus rostros frescos y su curiosidad los que logren borrar, aunque sea sólo durante el tiempo de clase, los climas destemplados que van llegando.

2 Comments:

Blogger Jorge Mux said...

Ana, tu manera de escribir es maravillosa. Disfruto y paladeo cada palabra de tus crónicas.

Te agradezco por ellas.

12:49 p. m.  
Blogger vestir la sombra said...

Pues sí, mi amiga poeta escritora y mucho más que eso excelente ciudadana del mundo, me aprestaré hoy finales de noviembre a armar un arbolito, poner un nacimiento y disfrutar la navidad guardada en mis cajones.

te quiere

belkys

4:28 a. m.  

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