miércoles, octubre 11, 2006

El vikingo del siglo XX

Entre las historias que siempre me han gustado por reales y porque apelan a mi fantasía está la del alemán Alfred Wegener, el autor de la teoría de la deriva de los continentes. Nació en 1880 y a los treinta años comenzó a darle publicidad a su idea de un continente primitivo del que se habían desprendido, a lo largo de eones, enormes fragmentos de lo que llamamos tierra firme. Estos fragmentos vinieron a convertirse en los continentes.

Con los escasos conocimientos de geología de hace un siglo --por falta de instrumentos de medición-- resulta asombroso y refrescante que aquel joven alemán lograra desarrollar una hipótesis que persiste y se matiza lo que preconiza la ciencia actual y que él no pudo prever: la subducción de las placas tectónicas.

Estudió y trabajó dando clases de astronomía y meteorología --dos de mis pasiones varias-- y viajó intensamente. Con su hermano Kurt estableció el récord de 52 horas de vuelo ininterrumpido. Dirigió su atención a muchas disciplinas y por lo tanto, vivió más intensamente que el resto de los mortales.

En 1906 dirigió su primera expedición a Groenlandia, y durante dos años tomó notas científicas de las razones de muchos fenómenos climatológicos, incluyendo la inversión térmica, el origen de los huracanes y de las auroras boreales. Durante su cuarto viaje a Groenlandia, tierra que amó y que siempre tuvo un intenso atractivo para él, salió del campamento donde estaban asentados hacia un terreno costero en busca de provisiones para todos. El día anterior, primero de noviembre, había cumplido 50 años.

Pero no regresó jamás. Había una temperatura de -50 grados centígrados y el viento soplaba cruelmente. Su cadáver fue hallado en la primavera envuelto en su bolsa de dormir y una piel de reno. Le había fallado el corazón.

El gobierno alemán ofreció a su viuda enviar un barco para recupera el cuerpo y recibirlo con honores en su país. Pero la viuda, Else, decidió que permaneciera allí, en el terreno que tanto amó. En todo este tiempo ha estado hundiéndose profundamente en un glaciar y algún día flotará con los hielos, como barco de vikingo antes de hundirse para siempre en el mar.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

maravillosa historia, gracias por compartirla... y la viuda tuvo toda la razón... ¿tocará lo mismo a los que amamos la patria, morir en ella buscando provisiones para los acompañantes?

10:51 a. m.  

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