<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423</id><updated>2012-02-16T02:56:32.874-08:00</updated><title type='text'>Crónicas</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>36</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-2356043698698406857</id><published>2008-10-09T03:49:00.000-07:00</published><updated>2008-10-09T03:52:59.859-07:00</updated><title type='text'>Monteforte</title><content type='html'>Lo conocí personalmente en los años ochenta, cuando regresó a Guatemala, luego de haberse instaurado aquí la democracia formal que no despega ni con canciones porque sí, mucho éxito macroeconómico, pero la pobreza nos ahoga, asunto que le debemos casi enteramente a la oligarquía, pero también a las recetas de los organismos financieros internacionales, cuyas fórmulas han variado sin que la crema de la crema nacional se haya dado por enterada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venía Monteforte de su autoexilio en México, pero le había dado la vuelta al mundo en varias ocasiones.  De hecho, cada vez que la posibilidad de un viaje asomaba, hacía rápidamente su maleta. Durante varios años viajamos juntos a conferencias y festivales literarios, de manera que tuvimos suficiente tiempo para hablar de todo, sin que nos interrumpieran con sandeces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mezclábamos nuestros particulares asombros ante la pobreza intelectual de los tiempos. Nos pasmaban las casas despobladas de libros que proliferan en la actualidad, donde los cuadros -—difícilmente se les puede aceptar como arte—- que cuelgan en sus paredes han sido escogidos porque hacen juego con la alfombra o con el tapizado de los muebles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aunque hablábamos mucho de literatura, de escritores, de pintores, me gustaba empujarlo a que hablara de sus viajes, de sus amigos, de las familias guatemaltecas que vivían en las ahora abandonadas casonas de la zona uno. Las anécdotas de Mario eran fabulosas, y me admiraba su capacidad mimética para adoptar voces y mohines con los que aderezaba sus relatos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustaba cocinar para él, soberano absoluto de la palabra y los relatos en algún grupo pequeño y familiar.  Aun cuando en los últimos años de su vida había cambiado sus hábitos alimenticios, no desdeñaba un trozo de quiche lorraine o de cualquier otro alimento igual de contundente pero apetecible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario pertenecía a una especie en vías de extinción. A esa variedad pertenecían mi padre y un buen número de sus compañeros de El Imparcial.  Cuando entré a mi vez a ese diario, encontré a una serie de periodistas irrepetible. Eran intelectuales de verdad. Tan solo uno, entre ellos, había pasado por las aulas universitarias. Pero el que no fueran académicos no impedía que poseyeran una cultura inmensa, universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario pertenecía a esa estirpe que parece agonizar entre los oropeles del mercado y sus secuelas de ignorancia. Sin duda porque con él me era fácil retomar las conversaciones que se truncaron cuando mi padre murió, cuando desaparecieron sus colegas de El Imparcial, me aficioné a su trato. Poseía una vena irascible a la que le hice muy poco caso y que aprendí a eludir con ligereza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis hijos, me dijo una vez en un avión de regreso a Guatemala, deben pensar en mí como en un dinosaurio, como algo muy raro. Son exitosos en términos económicos y debe parecerles incongruente un hombre como yo, que no posee nada excepto libros y cuadros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veníamos de una ciudad en cuyo aeropuerto varios académicos europeos se habían fotografiado a su lado, como si quisieran que se les pegara algo de su genio, de su claridad de pensamiento, de su arrojo para lanzarse a las más fantásticas empresas a pesar de su edad avanzada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me costó mucho llanto la enfermedad que se lo llevó de este mundo, y rehusé tercamente —-negación, dicen los psicólogos-— acudir al acto en el que sus cenizas fueron derramadas en el lago de Atitlán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en días como este, cuando la torpe claridad de las cinco de la mañana da paso a una luz celeste y fría, venida del norte con el viento que despeja el cielo de los nubarrones y la lluvia, mis seres queridos parecen descender al balcón de la biblioteca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esta mañana ha sido Mario, asombrosamente joven -—como cuando fue presidente del Congreso, en una era fresca y lozana para el país—-  y estaba acompañado de una mujer, joven también, de pelo rubio y ojos verdes. La princesa Yolanda de Italia, sin duda; la mujer que le robó el seso cuando apenas era un niño y vio su fotografía en una revista. Juntos, finalmente. Tomados de la mano se perdieron entre la luz del día.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-2356043698698406857?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/2356043698698406857/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=2356043698698406857' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/2356043698698406857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/2356043698698406857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2008/10/monteforte.html' title='Monteforte'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-4840997953607377717</id><published>2008-09-25T17:10:00.000-07:00</published><updated>2008-09-25T17:16:30.601-07:00</updated><title type='text'>La añorada selva</title><content type='html'>La primera vez que fui a Tikal por tierra iba en un jeep que se cobró la tarea de acarrearme con un dolor de huesos muy focalizados en las articulaciones coxofemorales, por decir elegantemente el trasero. Pero el viaje valió la pena.  Avanzábamos apenas por una especie de trocha en medio de la selva, cuyo palio verde se aclaraba hasta flirtear con el amarillo en la medida en que el sol subía por el cielo y que se tornaba casi negro al momento del atardecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, para beber un poco de agua y estirar las piernas, parábamos el vehículo y entonces nos llegaban plenos los ruidos de la selva. Muy lejanos, los rugidos de algunos felinos. Los sonidos persistentes de los bichos que se unían en un zumbido uniforme, y algunos ruidos como de lanzadera, súbitos, en medio de los helechos y la vegetación de escasa altura.  Las culebras, nos aclaraba el guía, pero por más que estirábamos el cuello, no lográbamos ver otra cosa que algunas ramas bajas moviéndose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los monos aulladores eran otra cosa.  Recuerdo haberlos oído como a las siete de la mañana, y el instinto de conservación me hizo regresar al jeep con una celeridad poco usual.  Mis compañeros se rieron de mí, pero al final admitieron que ellos también, la primera vez que escucharon sus bramidos, creyeron que eran fieras iban listas para atacarlos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordé los hermosos libros de Rodríguez Macal y me parecía ver un andasolo en cualquier animalillo que cruzaba el camino con parsimonia, sin preocuparse por el ruido del motor y las exclamaciones  nuestras.  No conocían muy bien a los seres humanos y el vehículo era menos lento u ofensivo que un jaguar hambriento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En determinado momento, el guía le oprimió un brazo al chofer, que paró el carro en seco y frente a nosotros, como si de una liana cualquiera se tratara, vimos a una serpiente verde y esbelta con ojos amarillo claro. Nos bajamos despacio, con miedo de hacer ruido, pero tan absorta estaba en la culebra que me doblé el tobillo al apoyarme torpemente en una piedra y el bejuco desapareció como por ensalmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me echaron maldiciones y dejaron de hablarme como por una hora, hasta que el bochorno de la tarde los hizo olvidarse de cómo se habían perdido el fotografiar  a la serpiente. Además, se oyeron de nuevo los aullidos de los monos y un lagarto atravesó el camino tan mansa y sosegadamente que todos se hartaron de tomarle fotos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si les dijera que nos tardamos casi 24 horas en llegar tal vez no me lo creerían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última vez que fui a Tikal llegamos apenas en unas siete u ocho horas, en un auto con aire acondicionado que avanzaba rápido por el camino asfaltado.  A los lados de la carretera y a lo largo de todo el camino, había por lo menos dos kilómetros de terreno pelado.  Comencé a llorar al nada más atravesar Fronteras y no volví a ver un animal sino hasta el día siguiente en Yaxhá, cuando los monos aulladores dieron las cuatro de la tarde.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para entonces comenzaban a deshinchárseme los ojos.  Pero ni aun así logre ver un andasolo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-4840997953607377717?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/4840997953607377717/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=4840997953607377717' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/4840997953607377717'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/4840997953607377717'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2008/09/la-aorada-selva.html' title='La añorada selva'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-5144940159716983415</id><published>2008-09-18T05:33:00.000-07:00</published><updated>2008-09-18T05:37:45.959-07:00</updated><title type='text'>Salón de Belleza</title><content type='html'>La mujer entró a la habitación donde varias jóvenes se encargaban de alisar, teñir y aderezar a un grupo de señoras y señoritas que gorjeaban y reían sabrosamente. La mujer hizo un gesto de desagrado, llamó en voz alta, tal vez demasiado alta, a la muchacha que solía atenderla para ciertos menesteres y le ordenó: que el agua no me vaya a quemar, como la vez pasada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se descalzó y alcancé a ver, de reojo, unos pies anchos y ásperos que jamás podría haber sido  el fetiche de hombre alguno. La pedicurista le quitó el esmalte de uñas y luego, casi haciendo una reverencia como las que se usan en las cortes europeas dejó a la clienta en remojo. Tráigame la última  &lt;em&gt;Hola&lt;/em&gt;, gruñó aquella princesa encantada a la que nadie había besado para quitarle el embrujo de sapo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retornó el ruido de pajaritos y de las secadoras. Una joven maravillosa se levantó y paseó por entre las sillas del salón, luciendo el recién peinado pelo antes de irse. No me vaya a dejar como a ella, dijo el sapo, digo, la mujer, echándole una mirada feroz a la peinadora, que se le acercó con cepillos y secadora en la mano. Es horrible un pelo tan tieso. Me lo alisa bien, porque la semana pasada cuando llegué al casamiento ya se me estaba acolochando, pero se fija que las puntas me queden para adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pedicurista se sentó frente a ella y comenzó su tarea de transformar aquellos ladrillos rojizos en algo aceptable. La mujer se quejaba, brincaba y regañaba a cada rato. De repente lanzó un grito y pensé que, ya fastidiada, la joven le había clavado algún instrumento,  pero inmediatamente salimos, todas las presentes, de la duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué horror! ¡Cómo doña Letizia se hizo la cirugía plástica! Le ha quedado re ancha la nariz. Y los reyes de España ¿cómo permiten esas cosas?  Ya fue terrible que se divorciara la hija mayor… ¿o no se divorció, chula? me preguntó directamente.  No lo sé, respondí de mala gana. No leo esas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo no va a leerlas? ¡Si todo el mundo las lee! Y los anteojos casi se le caen del susto.  Entonces ¿qué lee, chula? Libros como estos, respondí y le enseñé un libro de Umberto Eco que mi nieto acababa de regalarme. Me lo arrebató, casi, y me lo devolvió enseguida sin duda porque no tenía fotos a colores. Volví a meter mi nariz en el libro y casi me olvidé de la vieja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad no es que haya sido vieja, es que esa es la palabra que usamos para hablar de quienes nos caen mal; y la mujer estaba haciendo todo lo posible por agriar el ambiente. Pero logré sacarla de mis pensamientos hasta que la voz martilló  con insistencia. Ya no me hablaba a mí, sino al ambiente, como suelen hacerlo los políticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…y es que no hay nada más rechulo que Venecia.  ¡Ay patojas, sobre todo esos hombres tan galanes que se lo llevan a uno a dar vueltas por los canales! Así tienen los brazos de anchos, y están tostados por el sol. Son re guapos. Lástima que yo iba con mi marido. Y soltó una risa que semejaba un graznido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero donde sí me di gusto fue en Florencia.  Tanto que me habían hablado de esa ciudad que preferí irme ahí aunque mi marido se regresara porque como que ya era mucho estar lejos de la finca. Me conseguí un guía de turismo que estaba hecho un mango.  Y creo que le debo haber gustado porque me sonreía a cada rato.  Pero Florencia es una ciudad muy triste.  Se ve como amarillenta, como vieja.  Y está llena de museos.  A mí los museos me aburren, una pintura detrás de la otra, y como que se cansan los pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que me gustó fue el David, grandote y galán.  Ese sí que me lo hubiera  traído a Guate. Si no fuera de mármol.  Me tuve que conformar con los adornos que compré en Venecia, y una estatuita como el David.  ¿Usté ha viajado a Venecia, chula? me preguntó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con flema británica le respondí que el doctor me tiene prohibido viajar.  Pobrecita, fue su comentario. Pero debería ir a Houston, al centro médico de allá, tal vez otro doctor le dice otra cosa. Y de paso, se va a Miami, allí sí que se goza, chula. Hay un &lt;em&gt;mall&lt;/em&gt; que uno no puede terminar de conocerlo en un día. Ni en tres días, siquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como no le hice caso se volvió con la pedicurista. ¿Y usté que conoce, chula? Y la pobre niña se puso roja, roja, como si tuviera una fiebre altísima y solo logró decir Antigua antes de levantarse para ir a secarse las lágrimas a la habitación  vecina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-5144940159716983415?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/5144940159716983415/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=5144940159716983415' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/5144940159716983415'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/5144940159716983415'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2008/09/saln-de-belleza.html' title='Salón de Belleza'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-5193518239851085528</id><published>2008-04-27T06:55:00.000-07:00</published><updated>2008-04-27T07:13:48.764-07:00</updated><title type='text'>Revista Crónica, 1988</title><content type='html'>Mariana está sentada junto a la ventana. Cae una lluvia finita y la ciudad le parece más bella que de costumbre.  Edificios altos, casuchas semi derruidas, el antiguo pueblo de San Gaspar, que jamás llegó a ser.  El dulce costado de la zona ocho.  A lo lejos, entre el azogue del agua y como flotando entre las nubes bajas, que descargan encima del lago de Amatitlán, está el Pacaya.  No es perfecto, cambia de forma a cada erupción. Por eso es el que Mariana prefiere. Se parece a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unas semanas Mariana tomó el bisturí y cortó sin piedad.  Le dolió pero tapó sus lágrimas con una sonrisa.  Se le pronunciaron las ojeras bajo la capa de maquillaje y disfrazó su insomnio con lecturas y cable.  Cambió de casa y le costó mucho trabajo hallar lugar para sus muebles, que no son sino restos de naufragios anteriores a ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta mañana le ha llegado un fajo de poemas. Los ha leído uno por uno, con el ojo crítico del escritor, como si no tuvieran nada que ver con ella ni con la cirugía reciente.  Los ha botado a la basura considerando que es ahí donde deben estar, por razones literarias y por las otras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es este, piensa, un día para enturbiarse.  Es un día para mecerse en él con suavidad, resguardada en la oficina, donde las cosas transcurren alegremente.  Le llegan las voces de los jóvenes que retozan cerca de las computadoras.  Sonríe de gusto y vuelve la vista hacia la lluvia.  La cortina se espesa y el Pacaya va desapareciendo.  Se fija en los que pasan por la calle. Van despacio, sin preocuparse por el agua, y Mariana se sorprende.  Se queda viendo fijamente, para asegurarse de que aquel pausado caminar no es obra de su estado de ánimo.  Un avión busca el aeropuerto y altera el silencio.  Los autos van y vienen pero no llega hasta ella el ruido de los motores. Como la nieve, la llovizna actúa de silenciador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariana piensa en cómo va a hacer para darle unidad a su libro de cuentos.  Es el reto que le espera durante el próximo mes.  No sabe si va a poder hacerlo pero, en todo caso, es algo que no le interesa ahora.  Ahora, en este momento, su vida es una larga contemplación de la ciudad de Guatemala.  Esa ciudad fea, sucia, desordenada, que no tiene nada que ver con París ni con Nueva York ni con Tokio.   Esta ciudad que que le pertenece desde hace medio siglo, a la que ama con pasión y arrebato. Y piensa que algún día tendrá que cantarle todos los poemas que le ha compuesto mentalmente, celebrando su fealdad, su desorden, la mugre de sus calles, el desaliño de sus barrios pobres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si logró volver poético el lenguaje cotidiano, por qué no va a poder abrir los ojos a esta nueva estética de la ciudad tercermundista?  Bajo la lluvia finita Guatemala sonríe y Mariana siente el calor de esta ciudad en la que, cuando llovizna, la gente continúa a su paso de costumbre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-5193518239851085528?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/5193518239851085528/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=5193518239851085528' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/5193518239851085528'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/5193518239851085528'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2008/04/revista-crnica-1988.html' title='Revista Crónica, 1988'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-3856143602670884340</id><published>2007-11-18T13:48:00.000-08:00</published><updated>2007-11-18T13:55:13.498-08:00</updated><title type='text'>Enfermarse en Panamá</title><content type='html'>No quiero decir con esto que todos aquellos que se enfermen en Panamá tendrían que pasar por una experiencia similar a la mía. Lejos de mí querer estereotipar la realidad a fuerza de experiencias personales. Ni siquiera creo en que la gente tenga que pensar como yo pienso, mucho menos mostrar ortodoxia en cosas que van de la mano --si es que tuvieran-- de virus o bacterias, seres poco conocidos por mí excepto cuando deciden visitarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Panamá me encanta, a lo mejor porque me encanta la gente panameña y siempre estoy buscando un pretexto para visitarlo. Hace un par de semanas tuve la suerte de formar parte de un jurado calificador del concurso Ricardo Miró que se celebra cada año en aquel país maravilloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Panamá se me metió en el corazón el día en que, habiéndome olvidado el reloj en el hotel, pregunté la hora a un hombre en la calle. El tipo llevaba un reloj así de grande en la muñeca, pero lo que menos hizo fue verlo. Echó los ojos al cielo y me dijo que iban a ser las once.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad de Panamá respira junto al mar y tiene calles maravillosas donde los árboles disimulan el calor. Me encanta sentarme en algún café en el malecón, para ver los altos edificios de Punta Paitilla a mi izquierda y las edificaciones del casco viejo de la ciudad a mi derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es como estar sentada en la avenida La Reforma con vistas hacia Antigua Guatemala. Aunque tener tan disímiles paisajes a la vista desde el malecón lleno de luz hace pensar, y mucho, sobre los muy variados acercamientos a la vida en los países latinoamericanos. Desigualdades, que les llaman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los panameños, exagerados en afectos, en alegría y en locuacidad tienden a exageran también en el aire acondicionado. Por esa razón pasa una del calor tropical y de una humedad del cien por ciento al ambiente gélido de un témpano y con la sequedad del desierto. Más fino el lugar, más baja la temperatura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hotel donde viví por una semana tendría que ser de seis estrellas a juzgar por su clima. Y aunque en mi habitación apagaba el glacial aire y dormía con las ventanas abiertas, los numerosos cambios de clima allí y en otros lados hicieron de las suyas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viernes amanecí con fiebre. Temprano lo reporté a Arabia, mi enlace en Panamá, y pedí tales y tales medicinas, incluyendo un antibiótico. Conozco a la sinusitis y sus traidoras maneras. A las once de la mañana nuestra acompañante oficial apareció por mi habitación llevándome un antiinflamatorio en vez del antibiótico, jurando que eran lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como no tragué el cuento me informó que en Panamá los antibióticos necesitan receta para que los despachen las farmacias. Bien habría podido decírmelo a las siete de la mañana pero agradecí sus oficios. Llamé a la operadora y pedí la visita del médico del hotel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le deben haber ido con el cuento a la asistente, y mientras dormitaba con el sueño sobresaltado de la fiebre, dieron casi las seis de la tarde. A esa hora hubo llamadas apresuradas a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí y cinco personas penetraron a la habitación: Arabia, un empleado del hotel, una médica, un médico y un señor de mediana edad que hasta ahora no he podido comprender qué hacía allí, a esas horas. Entre los médicos comenzaron a indagar mi pasado y mi presente. Me tomaron la presión al menos tres veces, una vez en el brazo derecho y dos en el izquierdo, lo que me hizo sospechar de sus preferencias políticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras los médicos se daban gusto revisándome, el empleado del hotel tomaba notas en un cuadernillo y la acompañante se metió al cuarto de baño. La vi por el espejo de la puerta revisar concienzudamente la habitación como si en ella fuera a hallar la causa de la fiebre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Partieron todos luego de haberme recetado un antibiótico de caballo, de esos que se toman una vez al día por tres días, y cuando al fin me llevaron la medicina a eso de las diez de la noche, entre el delirio por la fiebre y los efectos del antibiótico pasé una noche espectacular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente bajé temprano acompañada por mi maleta. Tenía que tomar un avión a las once de la mañana, y cuando el automóvil me conducía hacia el aeropuerto, aún con dolor y con fiebre, medité con cierta amargura que aún me dura que esa no es forma de despedirse de un lugar amado&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-3856143602670884340?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/3856143602670884340/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=3856143602670884340' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/3856143602670884340'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/3856143602670884340'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/11/enfermarse-en-panam.html' title='Enfermarse en Panamá'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-2120282341222473028</id><published>2007-11-10T08:41:00.000-08:00</published><updated>2007-11-10T08:52:06.610-08:00</updated><title type='text'>Climas destemplados, enero 2006</title><content type='html'>A través de los vidrios veo pasar unas nubes que podrían ser gordas si su tela luminosa no fuera estirándose, al correr por el cielo, por la prisa del viento norte. Hemos tenido unas navidades --que no acaban sino hasta el día de Reyes--, bastante tropicales y no ha sido sino hasta anoche que el viento comenzó a encresparse y a filtrar el frío por los resquicios de las ventanas del dormitorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cabañuelas, decían los abuelos; ahora sabemos que el asunto se refiere a las zonas de alta presión que chocan con las de baja presión y producen chubascos, calores y humedad alta. Prefería las explicaciones populares, anteriores a los satélites artificiales. Eran más poéticas y contenían suficiente magia para hacernos creer que el mes de enero, además de enfrentarnos a los apuros económicos, resultado de los despilfarros de Navidad, nos revelaba cómo iban a ser el invierno, como le llamamos a la época de lluvias, las sequías, los calores del verano y los diluvios inacabables de septiembre y octubre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la magia hablábamos en la reunión a mediados de diciembre. El tema era Harry Potter, el niño fabuloso creado por J. K. Rowling y que ha llenado de ilusiones y de fantasías las cabezas de mucha gente en el mundo. Harry Potter, el niño mago cuyas acciones han invadido hasta el celuloide. Que ya no es celuloide, material peligroso porque puede incendiarse él solo y producir desastres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Beatriz era la más entusiasta; los oscuros ojos le centelleaban a la luz de las llamas en la chimenea cuando me instaba a leer todos los libros de Rowling; Carolina trajinaba con el pavo, pero escuchaba atenta porque también ella posee la facultad de apreciar las quimeras que facilitan el tránsito por este mundo. Es preciso disfrutar de una inteligencia especial para deslizarse por entre las fábulas, los cuentos de hadas, los mitos, las leyendas. Quien posee esa capacidad ya tiene ganado un espacio interior amable y terso en donde se puede olvidar las asperezas habituales del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si fue Andrés quien soltó de pronto que la película que se proyectaba en Guatemala en esos días está doblada al español y que por ello pierde la sagacidad y el sentido del humor británicos. Se me quitó el deseo de ir al cine y decidí alquilarla en video, deseo que aún no he cumplido porque los días se me han ido al lado de la familia y los amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ayer, cuando trataba de retornar a la vida diaria dando un rodeo para no recibir el regaderazo frío que supone el contexto nacional, entré a la red y me hallé, en la página de la BBC, con que los celosos miembros de la Iglesia Cristiana de Alamogordo, una localidad de Nuevo México, en Estados Unidos, habían festejado la entrada del año nuevo haciendo una inmensa pira con los libros de Harry Potter, porque son satánicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en los libros quemados en 1954 por los celosos funcionarios del mal llamado gobierno de la Liberación. Recordé la persecución de sacerdotes, monjas y catequistas en el país durante los años de la violencia. Volví a hacerme consciente de los fundamentalismos incrustados a la fuerza en esta tierra por los gobiernos de Estados Unidos y de Guatemala en su afán por destruir cualquier aspiración de justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armada de curiosidad me fui a la página de la tal iglesia cristiana y pude darme cuenta de que se trata de una empresa millonaria, que cuenta con más de media docena de cuadros visibles --hombres y mujeres, respetando la polítical correctness con que se encubren tantos desmanes en la Tierra-- que atiende cuestiones de divorcios, embarazos de madres solteras, que dirige grupos de solteros (no de los que ustedes imaginan) de matrimonios, y hasta posee una venta de ropa usada para los pobres por aquella certeza, firmemente anclada en la mente de los proclives a las obras de caridad, de que los pobres sólo merecen ropa usada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cabeza espiritual, el pastor Jack Brock pronunció un fervoroso sermón antes de la quema de los libros, diciendo que tras la cara de ángel de Harry Potter se esconde el poder satánico de las tinieblas y afirmando que en realidad, Harry Potter es el diablo y está destruyendo a la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Medito sobre estas cosas esta mañana, cuando escribo mi columna, la primera del año, y creo que es bueno estirar, hasta donde sea posible, el sentido tibio y amoroso de la temporada navideña, aunque sé que más tarde o más temprano, vamos a tropezar con las burradas de nuestros gobernantes, que serían solo eso, burradas, si no fuera porque estando donde están sus acciones cobran fuerza e importancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El nombre de Irak pasa raudo por el cerebro y logro espantarlo. Siguen las nubes corriendo por el cielo y el sol ha logrado traspasarlas, para hacer brillar los pinos de la Universidad del Valle. En unos cuantos días estaré en otra universidad, y serán los alumnos con sus rostros frescos y su curiosidad los que logren borrar, aunque sea sólo durante el tiempo de clase, los climas destemplados que van llegando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-2120282341222473028?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/2120282341222473028/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=2120282341222473028' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/2120282341222473028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/2120282341222473028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/11/climas-destemplados-enero-2006.html' title='Climas destemplados, enero 2006'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-5703305613594516111</id><published>2007-10-23T07:02:00.000-07:00</published><updated>2007-10-23T07:08:37.838-07:00</updated><title type='text'>Escriba sobre nosotros, 2004</title><content type='html'>Cuando mi hija Sylvia tenía un año, me asaltó un pensamiento ominoso: &lt;em&gt;¿qué voy a hacer para criar bien a esta niña?&lt;/em&gt; Yo era muy joven y por supuesto, no sabía gran cosa.  Había leído mucho, y llevaba seis años trabajando en un periódico, pero mi desconocimiento sobre la forma de educar a un hijo me producía vértigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento pensé que no había nada que la verdad y la libertad pudieran empañar y tomé una decisión heroica diciéndome ‘&lt;em&gt;nunca voy a mentirle a esta niña y la criaré con la mayor libertad que sea posible’&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resultó que a la vuelta de los años crié no una sino tres niñas con aquella divisa: libertad y verdad.  Libertad, por supuesto, con la dosis razonable de orden que necesita una vida cualquiera. En cuanto a la verdad, es cierto que en algún momento dije algunas mentiras blancas de las que aún me avergüenzo y que se irán conmigo a la tumba, no porque sean terribles sino porque son estúpidas. Y es la estupidez es casi tan innoble como la crueldad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me fue mal con aquella decisión tomada con una lucidez que hoy me parece asombrosa. Por el contrario, pienso que pocas madres habrá en este mundo que se hallen tan satisfechas con sus hijas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión es que ahora, años más tarde, vuelvo a hallarme despierta hacia las dos de la mañana pensando en cuál será la mejor forma para criar niños y adolescentes en estos tiempos.&lt;br /&gt;        &lt;br /&gt;A finales de los años sesenta había utopías en el mundo. Fue la época de las grandes acciones libertarias y movimientos masivos que condujeron al final aunque fuera formalmente-- de la discriminación por razones de piel. Se sembraron las semillas para otras reivindicaciones. Cobraron auge mundial los movimientos feministas –aunque aún haya mujeres condenadas a la lapidación en los países más salvajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Criar hijos en los sesenta y en los setenta fue trabajo sencillo comparado con el terreno minado por el que caminan los padres de hoy, atrapados por un mundo que naufraga por la rapiña, la voracidad y el egoísmo como paradigmas de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fe iluminista en la razón, que se encargaría de resolver todos los escollos del mundo no ha justificado sus postulados. La ciencia, desde entonces sustituto de la divinidad, ha logrado avances portentosos, y parecería que hubiéramos vencido a ciertas amenazas para la vida humana, pero igual hemos abierto las puertas a otras hecatombes. Digo Hiroshima y Nagasaki y todos me comprenden, sin necesidad de invocar guerras bacteriológicas, conflictos por la anunciada clonación de seres humanos, inseguridad ante los alimentos transgénicos, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos ido a la Luna, y soñamos con vivir en Marte. No todos, por supuesto. Apenas unos cuantos poderosos que podrían escapar a la destrucción masiva por la imparable destrucción de los recursos naturales. Hemos ido al espacio, repito, pero hay millones de seres humanos que viven sin agua, en hambruna y enfermedad, sin esperanza. Y todo esto sucede cuando los hombres más poderosos son dueños de una riqueza como jamás la hubo en la historia humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escriba sobre nosotros, dijeron mis nietos a principios de la Semana Santa, mientras nos asábamos en Likín. Y pensé que tenían razón, que jamás he escrito sobre el placer que me produce su presencia en el mundo, su variedad de pieles, el repertorio de sus gustos musicales, la facilidad con que van de la más pura alegría al enojo más deplorable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas semanas antes, Cristina y Alejandro me habían preguntado cuál era la finalidad de la vida. Pensé que se trataba de la eterna interrogación sobre de dónde venimos y a dónde vamos. Pero la realidad era otra. Detrás de la pregunta inicial venía una serie de demandas sobre cómo llenar el vacío de sus vidas.  El vacío de las vidas de casi todos los adolescentes de la tierra que viven la cultura occidental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los jóvenes, bien lo sabemos, son influenciables. Desde los medios de comunicación, los reclamos publicitarios y los temas light ofrecen los falsos paraísos de la moda, del consumo, del alcohol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante su vida los adolescentes de hoy casi solo han sabido de la infame adoración del dinero y de las cosas. Y no logran articular mentalmente a estos falsos dioses con la violencia que produce el deseo de ser como los ricos y famosos, y tener carros veloces, y drogas y objetos suntuosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escriba sobre nosotros, dijeron mis nietos en la Semana Santa, y aquí me tienen, a deshoras, escribiendo sobre ellos y sobre todos los jóvenes occidentales a quienes hay que criar en este mundo árido, artero y emponzoñado por las peores características que poseemos los humanos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-5703305613594516111?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/5703305613594516111/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=5703305613594516111' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/5703305613594516111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/5703305613594516111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/10/escriba-sobre-nosotros-2004.html' title='Escriba sobre nosotros, 2004'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-2401932067763029547</id><published>2007-10-09T14:18:00.000-07:00</published><updated>2007-10-09T14:24:46.680-07:00</updated><title type='text'>¿Palacio Nacional?</title><content type='html'>Cuando el Palacio Nacional fue abandonado durante el gobierno de Arzú, hubo razones para ello. La principal, saltarse a la torera los --para aquel presidente-- molestos espectáculos humanos: los grupos de ciudadanos que llegaban a la Plaza de la Constitución a protestar por cualquiera de las muchas causas por las que hay motivos para protestar en este país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fíjense bien que digo evitar la visión de los protestantes de turno,  no necesariamente atenderlos.  No cabe duda que es difícil vivir en una casa frente a la cual, todos los días, se aglomeran los acreedores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, la burocracia ya no cabía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De aquel Palacio, el verde guacamolón de la expresión popular, que ostenta en su fachada las señales de los disparos de la fusilería o de los tanques de un dieciocho de julio, poco quedaba por dentro.  Sus estancias, --concebidas lujosamente con maderas talladas en las paredes, con artesonados dignos, ventanerías y puertas ornamentadas-- habían sido convertidas en ratoneras multiplicadas mil y una veces para acomodar a los recomendados de turno, y los baratos vidrios grises, las armazones improvisadas cubiertas de pintura de aceite proliferaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como nunca tuve motivos o privilegios para ingresar a las terrazas y torreones en los que gobernaban los militares, desconozco qué había en esos espacios. Pero habiendo sido durante décadas reportera de los ministerios que albergaba el Palacio, conozco el Palacio y fui testiga de cómo evolucionó su cáncer interno, esos habitáculos infames que menguaron la estética del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero quedaban con su diseño intacto, además de los techos y las paredes forradas en madera, los pisos de parquet más o menos conservados, los despachos del presidente, de los ministros. También el salón de banquetes, con los vitrales de Urruela, los cielos mudéjares; y las pinturas de Gálvez Suárez en los muros que rodean las escalinatas principales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De manera infortunada el Palacio sufrió la afrenta de haber sido rebautizado de una manera cursi: le agregaron el pegote ‘de la cultura’, uno de los actos más ridículos e innecesarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces se habla del retorno de los burócratas al Palacio. Pero hay cuestiones evidentes y molestas: la peor es una especie de &lt;em&gt;brassière&lt;/em&gt; de tamaño en verdad descomunal, situado aun por encima del tercer piso y que cubre el patio oriental. Ese armatoste de tela blanca cubre --dichosos los ángeles que no lo ven-- el cursi monumento a la paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que tengamos un monumento a la paz constituye, por el momento, la hipocresía más grande del gobierno que lo levantó y los que lo han aguantado; que sea un adefesio es cuestión de falta de cultura de los gobernantes.  Que hasta los diplomáticos se vean obligados a acudir ante esa naquería ya es una exageración incluso para este país de opereta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ha tocado ir, en el Palacio Nacional, a la sede de la Dirección de Culturas y Artes --otra expresión poco afortunada, inspirado en la corrección política, la misma hipócrita que inventó eso de los daños colaterales-- y he observado las desventuras palaciegas de sus ocupantes, que no encuentran instalaciones adecuadas para los equipo de oficina, --silvestres computadoras e impresoras-- o que suben y bajan a pie las porque los bellos ascensores de época no han funcionan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, en días de lluvia he notado hermosas filtraciones en los aposentos del tercer piso. Quién sabe qué otras reparaciones requiere el buen Palacio Nacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre todo, es preciso que vuelva a utilizarse para determinados actos. Entregar el Premio Nacional de Literatura en una galera del Parque de la Industria, o la Orden del Quetzal en una sala de hospital ya es muestra de una incultura generalizada. Así andamos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-2401932067763029547?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/2401932067763029547/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=2401932067763029547' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/2401932067763029547'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/2401932067763029547'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/10/palacio-nacional.html' title='¿Palacio Nacional?'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-7968646122790607729</id><published>2007-08-29T14:10:00.000-07:00</published><updated>2007-08-29T14:37:53.901-07:00</updated><title type='text'>Entrar al colegio</title><content type='html'>&lt;strong&gt;A los seis años cambié el mundo de mi casa por el colegio. Se acabaron mis largas horas tirada en el suelo dibujando o leyendo; mis amores con el gato negro que había caído en la carbonera y que me seguía como si fuera un perrito. Los atardeceres acostada en la terraza de la casa viendo cómo las nubes cambiaban de forma y de color. Las incursiones proscritas al estudio de mi padre para sisar papeles de acuarela que me estaban vedados porque eran caros. Las salidas al callejón a jugar con los niños del barrio, cuando nos mudamos a la trece calle A, también se vieron afectadas, se fueron espaciando.&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sin darme cuenta, entrar al English American School era decirle adiós a una etapa deliciosa de mi vida. Solo años más tarde, leyendo las historias inglesas de los niños desamparados en los orfelinatos, comprendí la total dimensión de haber entrado al colegio, aunque fuera solo por ocho horas diarias con un respiro para ir a almorzar a casa. Lo que más echaba de menos en aquellos años eran los libros que se quedaban en la casa cuando, el bolsón echado a la espalda, me dirigía al colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para empezar, el patio de juegos estaba cubierto con unas losas de cemento gris --el gris más aburrido de la vida-- que además eran letales para las rodillas de las niñas que se caían sobre ellas. El cubo de la escaleras estaba forrado en madera teñida de café oscuro, un color que, en la imaginación de los dueños, era encubridor. Las telas más horrendas que he visto en muebles, vestidos, cortinas y demás, eran encubridoras. Lo que quiere decir que tenían apariencia de bosta de vaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No todo era malo en el colegio, había tantas cosas que aprender y algunas de las maestras eran gentiles, pero ese estar sujeta dentro de una clase durante dos horas antes de que la campana anunciara la pausa del recreo, me era difícil. Además, estaba acostumbrada al silencio, a la calma, y el bullicio me desconcertaba. Así que cuando sonaba la campana y se abría la esperanza del goce, la pobre bicha quedaba muerta allí mismo: mis compañeras corrían y gritaban como locas, yendo de un lado a otro del patio, subiendo y bajando escaleras, aullando como pieles rojas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad no tenía nada que compartir con las niñas del colegio. Mi vida interior era intensa y mis compañeros de juego del callejón, duros e implacables. Con ellos usaba todas las energías vitales que luego recuperaba leyendo o escuchando leer a mi madre, escrutando el cielo, oyendo a papá tocar el piano, sentándome a su lado mientras se dedicaba a preparar telas, a darle los toques finales a un cuadro o a modelar en arcilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis abuelos paternos eran gente sencilla que sentó sus reales en Chichicastenango, con una vida provinciana y muy próxima a la naturaleza. Mi abuela Julia lo manejaba y disponía todo en silencio. Mi abuelo Flavio, por el contrario, hablaba mucho de los temas de su profesión de antropólogo y arqueólogo. Mis abuelos maternos eran diferentes y aunque mi abuelo Aurelio era cosmopolita y habría podido entregarme un universo fascinante sobre sus experiencias de viaje, no se fijaba en mí. La luz de sus ojos era mi hermano mayor. Tengo poco qué decir de él, al menos hoy. Mi abuela materna era otra cosa: andaluza a morir, estar a su lado era vivir una fiesta constante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de ellos tenía fijación por colgarse de árboles genealógicos y todos podían ver la nobleza innata de cada persona. Lo mismo hablaban con el ser más insignificante que con los jerarcas o estudiosos. En general se ocupaban poco de las pomposas galas sociales, embebidos como estaban en sus profesiones, sus familias, sus lecturas, el cine, el teatro –-cuando lo había-- y las sobremesas del domingo, donde los temas eran infinitos y cada cual podía expresar su opinión aunque fuera la más estrafalaria del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrar al colegio fue darme cuenta de que vivíamos en un país de castas. La mayoría de mis compañeras eran de tez clara: todas éramos ladinas, y los indígenas, a sus ojos, eran unos seres terriblemente folklóricos, con vestimentas típicas. Sabían que existían porque muchos de los sirvientes en sus casas eran indígenas. Por otro lado no sabían dónde quedaba Sirio en el cielo, ni qué quería decir &lt;em&gt;chuch cajau&lt;/em&gt; en quiché, ni cuál era la funciòn de esos &lt;em&gt;chuch cajaus&lt;/em&gt; ni a dónde iban las aves migratorias que pasaban tan alto en el cielo. Pero sabían que tenían que peinarse y arreglarse durante horas para tener un buen aspecto. Para tener un novio –-a los seis años-- no bastaba con bañarse y llevar trenzas. Y en ese tiempo comenzaban a internalizar sistemáticamente los mandatos de un mundo machista donde las mujeres no pensaban, sino se lucían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las niñas del English American School, en aquel tiempo, pulían y afilaban las armas que unos doce años más tarde las conducirían a un ‘buen’ matrimonio. Yo soñaba con un barco llamado Mariana. No podíamos entendernos.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-7968646122790607729?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/7968646122790607729/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=7968646122790607729' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/7968646122790607729'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/7968646122790607729'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/08/entrar-al-colegio.html' title='Entrar al colegio'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-3384688862817052724</id><published>2007-08-25T07:48:00.001-07:00</published><updated>2007-08-25T07:55:10.569-07:00</updated><title type='text'>Disculpas a mis amigos</title><content type='html'>Resulta que hay que ganarse la vida. Y que estamos en período preeleccionario y pertenezco --esa es tarea &lt;em&gt;ad honorem&lt;/em&gt;-- a un ente llamado Mirador Electoral. Resulta que a veces me pongo a ver por la ventana de la biblioteca, o me voy al jardín a acariciar y a darles de comer a los gatos que allí viven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando siento ya no hay tiempo para escribir aquí.  Lo del otro blog es adicción total. Los periodistas me comprenden. Espero tener más tiempo para estas crónicas, para los gatos y para ver por la ventana cuando pasen las elecciones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-3384688862817052724?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/3384688862817052724/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=3384688862817052724' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/3384688862817052724'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/3384688862817052724'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/08/disculpas-mis-amigos.html' title='Disculpas a mis amigos'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-4255525204684001020</id><published>2007-08-25T07:29:00.000-07:00</published><updated>2007-08-25T07:38:33.277-07:00</updated><title type='text'>La judicial 1967</title><content type='html'>La policía judicial, la más siniestra de todas, se había apoderado desde hacía años del viejo convento de San Francisco.  En el lugar donde casi dos siglos antes quedaban los aposentos de los religiosos habían hecho huesos duros los ‘orejas’.  Allí habían enrejado un recinto espacioso que originalmente tendría que haber sido la despensa y en él metían a todos los hombres que atrapaban o que detenía la policía uniformada. Esa gran celda era llamada la tigrera y de ella, o se salía a la calle porque alguien se habían dado cuenta del error cometido o se bajaba a las mazmorras donde estaban los tanques de agua,  las mesas de tortura, las mangueras, los hierros, los pinchos, los alambres eléctricos. Los juguetitos con los que disfrutaban los judiciales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los judiciales solían ir, en ese tiempo, en automóviles grandes, oscuros, destartalados; y los tipos en su interior, vestidos de negro, con camisas blancas, un trapo grasiento a manera de corbata y los infaltables anteojos oscuros. En cuanto pasaba un carro de esos, con cuatro sujetos adentro, se extendía por la calle un soplo helado, similar al que anuncia la muerte.  Porque en realidad, esos hombres eran los representantes de la muerte en el país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabajaba en aquel tiempo en el diario El Imparcial y entre mis obligaciones de madre y periodista tenía muy poco tiempo para dedicarle a mi persona. El gran lujo semanal era ir al salón de belleza que quedaba cerca del periódico donde Melvy me lavaba el pelo, me lo enrollaba, me metía  bajo la secadora y luego me devolvía al mundo con un cabello resplandeciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manfred estaba terminando la carrera de veterinaria y había escogido trabajar una tesis de histología que mostraba determinadas características entre el ganado vacuno. Para ello, había que recoger especímenes de terneros nonatos y varias veces a la semana, luego de que mis hijas se dormían, Manfred pasaba por mí y enfilábamos hacia el rastro de Escuintla.  En aquellos años y de noche, llegar era cosa de poco más de media hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos enfundábamos en unos overoles color verde olivo, cambiábamos los zapatos por botas de hule y entrábamos al rastro.  Teníamos que asistir a la matanza y destace de los animales  que al día siguiente amanecerían en las carnicerías de la ciudad. El proceso era tan rápido que los grandes cuartos de res que colgaban de los ganchos de acero que los transportaba todavía mostraban espasmos musculares. El lugar era terriblemente sucio, las partes de las reses mostrando algunas enfermedades iban a parar al suelo, por donde corrían los hilitos de la sangre de los animales. Manfred recogía los tejidos para su investigación de la semana y yo, mientras anotaba los datos necesarios, veía todo lo que sucedía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Metíamos en bolsas de plástico las muestras, aún sangrantes, y en cuanto teníamos las necesarias, regresábamos a la ciudad. Los monos, las botas, las bolsas iban metidas en el baúl del carro donde además Manfred, que había sido criado en el campo, llevaba un machete para cuando fuera necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche de aquellas a Manfred le comenzaba una gripe, así que fui yo quien lo regresó a su apartamento y luego de descargar los tejidos en la refrigeradora y dejar al enfermo en cama con las medicinas usuales a la mano, me fui a casa.    A la mañana siguiente, me fui a trabajar en el carro ajeno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mediodía pasé por el salón de belleza, pero como no tenía tiempo para todo el ritual porque quería devolver el automóvil, en vez de meterme a la secadora de pelo me puse un pañuelo en la cabeza sobre el pelo enrollado en tubos y enfilé hacia casa.  Justo en la doce avenida había patrullas militares y policías judiciales revisando casas y automóviles.  Con un machete y overoles color verde olivo manchados de sangre en mi poder fui a parar a la judicial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El director de aquel cuerpo, cuyo nombre afortunadamente se me escapa, mandó a buscarme. Cuando me vio entrar con el pelo entubado tuvo que reprimir la risa; escuchó medio divertido mis explicaciones mientras me veía con unos ojillos profundos y venenosos, acostumbrados a hallar la mentira donde se escondiera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al terminar la síntesis que le hice sobre los viajes nocturnos al rastro de Escuintla, y luego de poner a alguien a que confirmara mi historia, quién sabe por qué medios, me hizo pasar a una salita.  Al cabo de una media hora mandó a llamar al secretario, ordenó que me entregaran las llaves del carro, entero dijo, poniendo tal énfasis en la palabra que entendí que eran instrucciones para que no robaran nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a casa, antes que nada, me fui al ver al espejo: parecía una idiota con aquella cabeza descomunal cubierta por el pañuelo menos atractivo del mundo.  Y así, con la planta de doña Florinda, había hecho el tour por uno de los lugares más siniestros del país.  Comprendí que mi ángel de la guarda tiene sentido del humor.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-4255525204684001020?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/4255525204684001020/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=4255525204684001020' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/4255525204684001020'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/4255525204684001020'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/08/la-judicial-1967.html' title='La judicial 1967'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-7563458417229863858</id><published>2007-07-08T11:24:00.000-07:00</published><updated>2007-07-08T11:39:06.810-07:00</updated><title type='text'>Ganar un hermano</title><content type='html'>Nos mudamos a la 13 Calle ‘A’ de la zona 1 cuando acababa de cumplir los cinco años.  En ese tiempo, aquel espacio se llamaba Callejón Aurora y era un lugar tranquilo, cuya calle empedrada nos permitía por ejemplo, allí donde las piedras habían sido arrancadas por las correntadas del invierno, un espacio para jugar cómics, como se llamaba aquello de tirarte al suelo, medir el terreno y disparar un cinco hacia el cinco del adversario para chocarlo y hacerlo tuyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi madre había abierto un negocio en la Avenida de San José, a dos cuadras de la iglesia del mismo nombre, y pasaba todo el día afanada allí, entre costales de azúcar, de sal, las latas de manteca de cerdo, las latas de los fósforos suecos -–no se fabricaban fosforos todavía en Guatemala-- las cargas de panela, el maíz, el arroz y el frijol. Unas cajas con jabón de coche de diversos tamaños, velas de parafina o de cera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un negocio para ventas al por mayor, pero los vecinos insistieron, y una procesión de indígenas que pasaban de regreso a sus pueblos, especialmente los carboneros de San José Nacahuil, insistieron aún más.  Mamá no pudo negarse, y fue mal vista por los tenderos del barrio porque vendía más barato. Dedicaba muchas horas a medir y empacar para que todo fuera exacto. Cerraba a las siete de la noche y al menos tardaba media hora en llegar a casa. Ese horario nos daba grandes libertades a mi hermano y a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos dejado el pasaje de la novena avenida donde había niñas con quienes jugar.  En el callejón no había una sola niña y mi opción, entonces, era integrarme a los juegos de los varones.  No querían, por supuesto.  Eran todos como de la edad de mi hermano Ricardo que me lleva cuatro años y no deseaban que una mujercita les arruinara, con los melindres que suponían que yo tenía, sus juegos de hombres, sus conversaciones de hombres, su esencia de hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, porque cuando te agachás se te ven los calzones, me dijeron entre risas y burlas cuando les dije que quería jugar con ellos. Entré en la casa echando chispas y aprendí a ser hipócrita.  ¿Y para qué quieres pantalones? preguntó mi madre asombrada. Porque cuando me pongo a pintar en el suelo se me arruinan las rodillas, respondí con la más meliflua voz que pude simular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nací, mi abuela decretó que me cubrieran del sol, porque era morena.  Hay que advertir que mi abuela materna había nacido en el siglo XIX, cuando la blancura era una de las cualidades más apreciadas en las mujeres hermosas.  Entre el consejo de la abuela y una tifoidea que me dio y sus secuelas, ante de los dos años, para protegerme de los chiflones y de la luz, usaba una especie de piyamas de franela que mamá le encargaba a la modista; pero en eso apareció Shirley Temple en el cine y me cambió la vida.  Mamá se sentó a coserme ella misma, a mano, unas réplicas exactas de los vestidos que la actriz usaba en sus películas y le dio por ponerme agua de linaza y unos rulos en el pelo para que fuera igualita a la niña del celuloide.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De manera que cuando llegamos al Callejón Aurora vestía como la niña más repipi, sabía cómo estirarme los vestidos de lino para que no se arrugaran al sentarme, de qué manera tenía que doblar las manos en el regazo, cómo debía cruzar los pies, por qué no debía ensuciarme las manos ni raspar los zapatos, pedir por favor, dar las gracias, comer con toda compostura.  No me chorreaba cuando comía helados y me deslizaba sobre el suelo con la gracia de una gata de raza fina. Había heredado la sonrisa de mi madre y la usaba porque siempre he sido alegre. Eso sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me extraña que mi hermano y sus amigos desconfiaran de mí. Pero como había logrado convencer a mi madre, ya usaba pantalones vaqueros y salí desafiante.  Me agaché, les mostré el culito bien resguardado por el denim y los reté a echarme del juego, que en ese momento era justamente de cincos, y cuya simple teoría había aprendido viéndolos desde la ventana de la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un niño, moreno y chaparrín, con un mechón rebelde cayéndole sobre los ojos que chispeaban me defendió: déjenla jugar, muchá, a ver qué puede hacer.  No fue mucho lo que hice, ciertamente, y a lo mejor perdí la mayoría de cincos que mi padre me había comprado en La Juguetería una tarde que habíamos ido de compras.  En algún momento del juego, de refilón, recibí el puñetazo que uno de los Lazo le lanzó a Ponchín Fernández y Meme, que así se llamaba el morenito chispudo,  se lanzó sobre los que se reían de mí porque me brotaba sangre de la nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así gané un hermano para siempre. Era el menor de una familia que vivía en el Callejón Variedades, y desapareció de mi vida, y del escenario nacional años más tarde, cuando durante el gobierno de Lucas, los militares articularon una operación para matarlo. Meme murió acribillado en una calle de la zona 9. Una foto de Lulú, su hermana, abrazando el cadáver, lo dice todo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-7563458417229863858?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/7563458417229863858/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=7563458417229863858' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/7563458417229863858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/7563458417229863858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/07/ganar-un-hermano.html' title='Ganar un hermano'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-8128653463000774899</id><published>2007-04-14T13:39:00.000-07:00</published><updated>2007-04-14T13:44:48.121-07:00</updated><title type='text'>Manfred bajo el árbol</title><content type='html'>Luego de divorciarme del padre de mis hijas conocí a Manfred.  Era nuestro vecino en la casa de la zona 14 y cuando llovía paraba su carro, un Kharman Ghia de color bronce, el auto de líneas deportivas que lanzó la VW en los sesenta, y me sacaba de los lodazales del barrio hasta dejarme en la 20 calle de la zona 10, donde había asfalto y un lugar para resguardarme del agua en lo que llegaba el bus.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manfred era cuatro o cinco años menor que yo y como pude constatarlo a su debido tiempo, era aún virgen.  Medía casi el metro noventa de estatura y una vez que la puerta del jardín quedó hecha un acordeón por la acción conjunta de un carro y una ráfaga de aire, la agarró a mano limpia, la estiró y la devolvió a su antiguo aspecto en cosa de dos minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres solemos impresionarnos ante esos hombres grandes, que solucionan problemas con mucha facilidad y que tienen buen carácter. Ahora, si además son guapos y poseen una piel dorada, con ese tono moreno envidiable que ostentan algunos alemanes, la receta es infalible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco fui sabiendo que estaba en el último año de la carrera de veterinaria, que sus padres vivían en Parramos y que eran dueños de una finca de café, que su hermana Erika había perdido la razón porque el marido le había robado un hijo, y que su hermano Günther puso un aviso en un periódico alemán para hallar novia, con la que se había casado. Manfred parecía saber mucho sobre mí porque vivía como pensionista en la casa de otra alemana, con quien nos reuníamos a menudo para fabricar galletas y pasteles. Ilse y yo habíamos vivido pared de por medio durante casi ocho años y ella se habría encargado de contarle mi vida y milagros, en  versión germánica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Erika había comprado San Rafael, un antiguo hotel situado a la orilla de la vieja carretera a Antigua, pero en aquel momento permanecía cerrado por el desvarío de su dueña.  Estaba enclavado a medio bosque de pinos y siempre fue famoso por el tamaño de las hortensias que crecían en los arriates que rodeaban la construcción, realizada con unas maderas tan resistentes, que permanecía en el sitio en el que había sido construido hacía un siglo, sólido y oloroso a caoba y cedro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tímidamente Manfred me invitó a conocer el hotel y efectivamente, una tarde subimos más allá de Mixco y llegamos al recodo del camino donde se hallaba San Rafael.  Mi familia y yo habíamos ido muchas veces hasta allí a tomar la refacción, una delicia por los pasteles y panes a la vieja usanza alemana. Las mermeladas y jaleas, la mantequilla fresca, el aroma del café, las teteras de porcelana blanca, las azucareras y los cubiertos de plata que sonaban claros sobre los platos de loza azul y blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entrar al hotel sin la presencia de los meseros y las doncellas, a la media luz de las cinco de la tarde filtrada por los pinos; situarnos en el centro del enorme hall que llegaba hasta la altura del tercer piso fue penetrar a un recinto encantado.  Allí estábamos, el estudiante y la recién divorciada, envueltos en la densidad de un aire que durante varios años permaneció sin alteraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salimos al jardín, atravesamos la carretera y bajamos en dirección de un riachuelo que transcurría suavemente amparado por el verdor de los inmensos quequexques, las maicenas elevándose como anchas lanzas en el aire. Aquello era idílico y solo un abejorro que comenzó a zumbar cerca de mi cara cortó el silencio asustándome al punto de perder el equilibrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manfred me abrazó y me di cuenta de que, como si viviéramos en cualquier novelita rosa, el corazón le latía precipitadamente. El mío andaba por el estilo. Probablemente estuvimos unos cinco minutos abrazados, sin hablar, sin hacer otra cosa más que aferrarnos uno al otro. Supongo que nos hacía falta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel romance jamás prosperó. Fuimos felices, mucho; pero cuando llegó el momento de formalizar la relación -–léase matrimonio-- la madre de Manfred organizó una cruzada en contra de la intrusa.  No era alemana, no era luterana, estaba divorciada, tenía tres hijas, y le llevaba unos años a su hijo.  No podía ser peor. La alemana familia se confabuló y todo se fue al diablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manfred se casó una joven salvadoreña que tampoco era alemana ni luterana pero que al menos conservaba su himen intacto. En muy cortos años tuvieron cuatro hijos y un día que Manfred regresó de improviso a su casa, halló a su mujer metida en el lecho matrimonial con otro hombre. Me buscó para contármelo porque, me dijo, era a la única que se lo podía comentar. Lo escuché en silencio, porque qué puede decirle uno a un amigo sobre las infidelidades de su mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para entonces Manfred poseía una plantación en Alta Verapaz y otros terrenos en El Petén. Además, le pertenecía una buena parte de la finca de café en Parramos.  El divorcio se complicó porque él quería quedarse con los hijos y ella, con las propiedades.  Un día, a las siete de la mañana, un asesino profesional le descerrajó a Manfred tres tiros: uno a cada lado del pecho y otro en el cráneo. Eugenia quedó viuda, con los hijos y con el patrimonio familiar. Asunto arreglado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando voy al cementerio antigüeño visito la tumba de Manfred, situada bajo las ramas de un árbol. A su lado descansa --¿descansará?-- Frida Herbstreuter, su madre.  Con mucha malicia le pregunto siempre si se siente satisfecha del resultado de sus afanes maternos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-8128653463000774899?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/8128653463000774899/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=8128653463000774899' title='13 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/8128653463000774899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/8128653463000774899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/04/manfred-bajo-el-rbol.html' title='Manfred bajo el árbol'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-181044074023240602</id><published>2007-04-09T10:17:00.000-07:00</published><updated>2007-04-09T10:34:51.688-07:00</updated><title type='text'>Chulamar, 1971</title><content type='html'>En semanas anteriores había estado en la cárcel. Afortunadamente, era el año de 1971, cuando aún se apresaba a las personas. No es que no se las matara en número suficiente, es que a algunas solo se las apresaba. Unos cuantos años más tarde se las desaparecía, como sucedió con Luis de Lión. O se las ametrallaba en la calle, como fue el caso de Irma Flaquer. Pero estábamos en 1971, para mi suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún otro día voy a contar los sucesos de la detención y de la carceleada pero ahora lo que he recordado es cómo mis hijas y yo llevamos de paseo al mar a algunos miembros de la policía judicial, la tenebrosa institución que se encargó de ralear las filas de la inteligencia guatemalteca desde aquel desgraciado año de 1954, cuando comenzó nuestro calvario nacional como consecuencia de la guerra fría llevada a cabo en territorios ajenos a la URSS o los EEUU, los enfrentados en lucha por la hegemonía mundial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guatemala, como muchos otros países, solo puso los muertos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, como yo era una peligrosa delincuente, quedé bajo vigilancia al salir del bote.  En el supermercado me topaba a cada rato con algunos de aquellos individuos que, vestidos de negro, camisa blanca y corbata meticulosamente manchada de comida, hicieron las delicias de nuestra generación. No era una sorpresa, sino una confirmación.  Mi automóvil, la Schatzka, me los mostraba por el retrovisor: un vehículo oscuro, sin placas de circulación, en el que se desplazaban los judiciales que me seguían para verificar mi conexión directa con Moscú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harta de andar con semejante cola se me ocurrió irme al mar un día. No era fin de semana, de manera que mis sombras no podían suponer que salía de paseo con mis hijas. Y cuando enfilé hacia el Puerto de San José deben haberse regocijado pensando que me sorprenderían haciendo contacto con algún submarino soviético que el tenebroso ministro de gobernación de turno no había detectado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegamos al balneario de Chulamar, alquilamos una caseta, nos pusimos el traje de baño y comenzamos a caminar por la playa, recogiendo conchas y caracoles, ocupación tranquilizante si las hay.  Llevábamos años de andar recorriendo playas y conocíamos los secretos para evitar insolaciones y deshidrataciones. Usábamos sombreros y t-shirts, además de ir armadas de la impepinable crema Nivea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De tanto en tanto nos metíamos al agua y regresábamos a la caminata.  Fueron cuatro kilómetros en una dirección, y otros cuatro kilómetros de regreso. Con los chapuzones y la recogida de conchas tardamos poco más de tres horas bajo el sol tropical,  refrescándonos entre las olas que lamían con su blanco y siseante encaje el negro de la arena volcánica y con el soplo de la brisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ratos y con gran disimulo, veía en dirección de la parte alta de la playa, por donde brincando como saltamontes moribundos, hacían su obligado paseo los judiciales. Poco a poco se fueron despojando de algunas mortuorias prendas.  En esa cresta de arena hay poquísimas palmeras y apenas unos arbustos playeros que más bien reptan. Mis hijas, que eran pequeñas y no estaban conscientes del seguimiento, vivían entusiasmadas el día en el mar a media semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El calor debe haber sido infernal en el lugar por donde avanzaban penosamente los policías que no llevaban, como nosotras, botellas de refresco.   Aún ahora puedo imaginar sus insultos y las imprecaciones a medida en que el sol se alzaba en el cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia el mediodía regresamos a la caseta, situada entre cocoteros y otras plantas maravillosas. Abrimos nuestra canasta y nos sentamos bajo la sombrilla a tomar el almuerzo. Después, mis hijas se aposentaron en la sombra, enroscadas en sus sillas playeras para hacer la siesta.  Yo, con el achaque de ir a limpiar algunos cacharros, me acerqué al punto donde ya sin gran disimulo cuatro hombres con el negro pantalón remangado se retorcían entre quemaduras y piquetes, fiebre y dolor.  Siempre atentos –- en la medida en que su estado de salud se los permitía-- a que yo sacara el transmisor y me comunicara con el submarino moscovita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche dormí como los ángeles.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-181044074023240602?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/181044074023240602/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=181044074023240602' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/181044074023240602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/181044074023240602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/04/chulamar-1971.html' title='Chulamar, 1971'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-988775021278253504</id><published>2007-04-01T06:14:00.000-07:00</published><updated>2007-04-01T06:25:09.849-07:00</updated><title type='text'>Recobrar la visión</title><content type='html'>Anoche me asomé a la ventana y me di cuenta de que la lámpara del poste de enfrente de casa no emite haces de color amarillo oscuro sino luz rosácea claro.  Ya al atardecer me parecía haber percibido un color de cielo que no me resultaba conocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos años los cristalinos de mis ojos habían perdido transparencia y en las pasadas semanas ya no podía siquiera conducir por la noche. Tenía conciencia de ello, pero no sabía que mi percepción de los colores estaba corrupta por un engañoso lienzo que me hacía ver todo tras un velo grisáceo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acababa de ver la cinta que grabaron durante la operación de mi ojo izquierdo, que la pantalla de la televisión reproducía a página completa.  Me fijé en que la cánula por medio de la cual el cirujano retiraba los restos del cristalino con el que nací, arrastraba pedacitos de un material de leve color beige, y que el espacio visible --la cámara del ojo-- iba quedando de un oscuro límpido.  Ese color que tiene el firmamento en una noche cerrada, cuando el aire ha soplado fuertemente durante días y días y el cielo se condensa en su color más puro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Observé luego cómo una cánula introducía en el espacio dejado por el cristalino un lente transparente, inmaculado, que el cirujano ajustó con gran destreza, rápidamente, al interior de la cápsula donde mi cristalino viviò casi siete décadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordé los relatos de mi madre sobre la ceguera de mi abuela, que a los cincuenta años había perdido totalmente la visión por causa de las cataratas.  En la familia siempre se comenzaba a hablar un poco más despacio cuando se mencionaba que la había operado Barraquer en persona.  Una reverencia especial para el eminente oftalmólogo español, que le devolvió la transparencia a los ojos de mi abuela.  No así la definición, que tendría que obtener el resto de su vida con unos anteojos como culos de botella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá me contaba que durante años, antes de la prodigiosa operación, tuvo que leerle a mi abuela Lola porque ella misma no podía hacerlo.  Cuando cumplí cuatro años y comencé a leer, mi abuela, que no podía vivir sin las noticias, me pedía que le leyera del diario los artículos largos o escritores en letra muy pequeña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la ceguera de la abuela, mamá le leyó toda clase de libros.  En la familia siempre hubo fuerte apego a la letra escrita.  Entre literatura más seria, la abuela pedía que le leyera los folletines semanales de &lt;em&gt;Los misterios de París&lt;/em&gt;, que eran unas historias contadas a la manera de los capítulos periódicos del inglés Dickens cuyos envíos desde Inglaterra iban a esperar los lectores en los muelles de Nueva York cuando se acercaba el barco que los traía de Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca supe en realidad qué historias se contaban  en esos famosos misterios parisinos.  Deben haber atrapado poderosamente a los lectores, y en el caso de mi abuela, a los escuchas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ceguera, las lecturas, la operación y todos esos episodios familiares sucedieron en Cuba, la dulce, la bella, la tierra esa maravillosa enclavada a medio Mar Caribe a donde muchos españoles fueron a vivir, a que los vientos marinos arrasraran los malos recuerdos de una España que no había podido hacerlos felices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nació mi hija pequeña decidí que se llamara Carmen Lucía. Carmen, para que tuviera de por vida esa ligazón española que me dejaron mi madre y su familia, y que es muy fuerte en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella ha proveído esta operación que me ha devuelto la luz prístina e indeclinable, y ahora sé por qué le puse Lucía cuando era una niña que se apresuró a salir de mi vientre un mes antes del término normal, cuando aún  no pesaba más allá de cinco libras y media y lo único que le interesaba era dormir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-988775021278253504?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/988775021278253504/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=988775021278253504' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/988775021278253504'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/988775021278253504'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/04/recobrar-la-visin.html' title='Recobrar la visión'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-8699754040181026480</id><published>2007-01-30T09:05:00.000-08:00</published><updated>2007-01-30T09:10:59.957-08:00</updated><title type='text'>Hablar de lo prohibido</title><content type='html'>En estos días, en que pesco en el pasado para recordar lo que me ha sucedido en la vida como pretexto para hablar de otras personas mucho más interesantes que yo, me llamó una españolita simpática que trabaja en Prensa Libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quería indagar sobre mi experiencia con la menopausia. Hablaba con muchas precauciones y a cada interrogación –-sobre todo cuando me preguntó mi edad-- añadía siempre con cierta rapidez: ‘solo si desea responderlo’.  Interiormente me reía, mas no de ella, sino de cómo en mi país seguimos siendo pacatos, empachados y pusilánimes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba segura que en la reunión donde se decidían las preguntas que se iban a hacer a los presuntos  entrevistados -–también se iba a hablar de la andropausia, aunque comprenderán que sobre eso poco tengo que decir, apenas lo que se ve por encima-- la instruyeron sobre la necesidad de ir con mucha cautela porque Guatemala es, por encima de todas las cosas, ultra conservadora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubiera podido contestarle a mi entrevistadora que, justamente el primer poema de mi primer libro comienza con la fecha de mi nacimiento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andaba yo por los treinta años y estaba casada por segunda vez.  No debo haber sido muy feliz porque de pronto comencé a escribir con una inmensa rabia.  Poesía, para más inri.  Yo, que detestaba la idea de leer poesía, que juraba que los poetas tendrían que haber desaparecido cuando empezó el siglo XX, que eran unos trasnochados tales por cuales, incluida en el catálogo de los agotados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En honor a la verdad, tengo que decir que el primer poema que escribí en mi vida era para mis hijas.  Tal vez alguien lo encuentra algún día traspapelado entre las hojas de un libro mío.  Era un poema donde me disculpaba con ellas por ser como soy.  Pero no me arrepentía de ello. La intención del poema tenía y tiene validez, pero la forma… Era tan malo que, en cuanto lo leí lo sepulté entre un libro gordo, y no sé dónde está. Afortunadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, la historia iba por donde me encontré con que había escrito un libro.  Y lo editó Ricardo Juárez Aragón, dueño de la Imprenta Minerva situada en la 18 calle de la zona uno. Ricardo ha sido, durante cuatro décadas, el editor de muchos escritores, que nos lanzábamos pagando nuestras propias publicaciones.  Con él acudíamos medio avergonzados, con los originales metidos en una carpeta.  Es un tipo con una cultura impresionante, que ha leído muchísimo.  Con una ojeada sabía si aquello era literatura o no.  Se mostró entusiasmado con mi librito y dijo que era necesaria una nota biográfica, al principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenía --ni tengo-- el valor de andarle pidiendo a la gente que escriba sobre mí o sobre mi trabajo.  De manera que regresé a la casa y escribí un poema donde me presentaba a mí misma, y donde sintetizaba mi forma de escribir.  Como era una biografía, tenía que empezar por la fecha de nacimiento, me dije. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo admitir que mi poesía constituyó, al menos en mis tres primeros libros, una rebelión completa. De manera que, en un lugar donde las mujeres se han preocupado siempre de ocultar su edad, comenzar diciendo la fecha de nacimiento era un acto de insurrección ante lo establecido.  De esa y de ninguna otra forma he andado por la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desvelé a mis contemporáneos chapines lo que las mujeres sentíamos y decíamos por lo bajo; o a lo mejor ni siquiera lo decían, pero lo pensaban.  Y no tuve el menor empacho en usar el lenguaje coloquial y directo que utilizo siempre.  Ni circunloquios ni babosadas. Las mujeres habíamos usado demasiado retórica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dije cuanto quise decir y más, y antes de publicarlo lo analicé con una lente así de gorda porque llevo incrustado en el cerebro un sistema de autocrítica de este tamaño.  Estaba bien decir lo que pensaba, lo que quería, lo que sufría.  Estaba mal publicar algo mal escrito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy vengo a darme cuenta de que la retórica es como una burkha.  Al menos en los escritos de las mujeres. A fuerza de andar escondiéndose detrás de las metáforas, las mujeres han pasado milenios empequeñeciéndose ellas mismas.  Y mi madre no me parió para eso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-8699754040181026480?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/8699754040181026480/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=8699754040181026480' title='6 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/8699754040181026480'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/8699754040181026480'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/01/hablar-de-lo-prohibido.html' title='Hablar de lo prohibido'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-6880301551668906277</id><published>2007-01-23T07:40:00.000-08:00</published><updated>2007-01-23T08:04:02.800-08:00</updated><title type='text'>Mis hijas, el mar</title><content type='html'>Hace unos días una de mis hijas me envió por el correo una fotografía que las muestra a las tres: Silvia, Irene y Carmen Lucía, en calzoneta y en la playa de Chulamar a la que nos gustaba ir los domingos. Salíamos de casa a las seis de la mañana con una canasta donde iban los sándwiches y un pastel. La hielera donde guardábamos camarones preparados y mayonesa. Además una caja de aguas gaseosas.  Las frutas las comprábamos en el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí están, bellísimas a mis ojos maternos. Irene llena de arena, como convenía a su carácter, con un traje de baño de colores verdes y ribetes blancos; Silvia con su calzoneta de dos tonos de azul y Carmen Lucía con una trusa enteriza de color rosa. La foto es en blanco y negro, pero recuerdo muy bien cómo eran los bañadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ese tiempo el cuerpo de Silvia comenzó a cambiar. Tenía apenas ocho años pero la cintura se le iba marcando y recuerdo el sentimiento de desazón que me daba el pensar que estaba dejando de ser niña. Su espeso pelo castaño claro está sujeto en una cola y ve hacia la cámara con una sonrisa que sigue siendo la misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Irene aparece --cómo no-- con las manos y las piernas llenas de arena, esa arena negra del sur del país en la que está sentada mientras sus hermanas permanecen cautelosamente en las tablillas de madera que forman un sendero junto a las gradas de la caseta que solíamos alquilar por el día. Quién sabe que travesuras está planeando, según la delata la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pequeña era aún Carmen Lucía, el nombre que adquirió en los documentos civiles y en la pila del bautismo, y que al entrar al colegio aceptó cambiar por el de Lucy que le decían sus compañeras.  Lo más grande que se aprecia en su rostro son los ojos, y su coquetería innata se adivina en la pose de pin-up.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mar, el Pacífico, no hace honor a su nombre en nuestras playas.  Revienta dejando una liviana cubierta espumosa sobre la renegrida arena en la que ni siquiera la inmensa cantidad de restos de conchas y caracoles de colores muy claros hacen mella.  Cuando la marea está baja, los trozos de los moluscos brincan bajo el ataque de las aguas, que luego de restallar ascienden rápido por la playa oscura y regresan con su peculiar siseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ruido de los tumbos del mar se percibe desde que la carretera empieza a correr paralela a la playa, acercándose al Puerto de San José. El idílico paisaje muestra las aguas quietas de los canales y pantanos donde florecen en lila las ninfas, pero el sonido de fondo cuenta una historia diferente.  Al cruzar el puente sobre el canal principal llega el peculiar olor de la brisa marina y el ruido se vuelve tan amenazador que es precisa mucha paciencia para convencer a los niños de que no vamos hacia una catástrofe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevábamos puestas las calzonetas para solo despojarnos del vestido playero y meternos al agua.  En ese momento, las siete y media de la mañana tal vez, el sol caía oblicuamente sobre el mar que desplegaba sus mejores tonos celestes.  El siseo del mar convertido en espuma nos recibía y, si la marea era la apropiada, nos metíamos al agua para ser zarandeadas al gusto y antojo del mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo una época --mis hijas ya eran adolescentes y andábamos acompañadas por hombres fuertes y diestros en cuestiones marinas-- en que nos metíamos detrás de la reventazón,  pero no es esa una aventura recomendable para la mayoría de las personas. Es preciso nadar bien, poseer brazos y piernas fuertes, amor por el agua y calma ante una corriente inesperada.  Saber nadar en forma paralela a la orilla, esperar la ola que empuje hacia la playa y tomarla en el momento adecuado.  No lo haría por todo el oro del mundo en mis actuales circunstancias, cacheteada como estoy después de un accidente en el que un carro me atropelló, dejándome un tanto cleta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cariño y algo de polvo guardo las cajas con conchas y caracoles que fuimos recogiendo mis hijas y yo a lo largo de nuestras playas compartidas, aprovechando los despojos que sobre la lisa arena dejaba el mar tras las mareas altas de la madrugada, o rebuscando con premura en la diminuta sima que dejaba al descubierto la marea baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía, si se ofrece, somos capaces de hacer una maleta en diez minutos para irnos a la playa sin previo aviso, incluyendo la piyama y el shampoo para meternos de una vez a la cama al regresar, a soñar con el calor del sol, la delicia del agua, el sonido de la arena que cede bajo los pies y el ruido fuerte del mar que a nosotras nos suena a la mejor música del mundo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-6880301551668906277?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/6880301551668906277/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=6880301551668906277' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/6880301551668906277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/6880301551668906277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/01/mis-hijas-el-mar.html' title='Mis hijas, el mar'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-9069388275570085227</id><published>2007-01-21T05:08:00.000-08:00</published><updated>2007-01-21T05:21:00.089-08:00</updated><title type='text'>Mi pasión por Julio</title><content type='html'>Leo tardíamente un post de Jean Francois Fogel en El Boomeran(g) acerca de una exposición abierta en estos días en París sobre el genial escritor argentino, e inmediatamente caen sobre mí las memorias de algo que pasó apenas ayer: mi irremisible enamoramiento de Cortázar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran sin duda los años sesenta.  Pudo haber sido antes, pero todos los que vivimos aquella época de revueltas juveniles, de revolución sexual, de conquistas de derechos civiles, etcétera, siempre veremos cómo se alzan dorados y luminosos los recuerdos de todo lo que nos es querido, asociados a esa década prodigiosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entré una tarde a la librería de la trece calle y la dependienta sacó de las estanterías un par de libros que me entregó sin comentarios. Eran &lt;em&gt;Final de juego&lt;/em&gt; e &lt;em&gt;Historias de cronopios y de famas&lt;/em&gt;, de un tal Julio Cortázar, desconocido para mí hasta ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo aclarar, en mi descargo, que desde 1954 pasábamos por grandes carencias de libros porque vivíamos bajo el ojo avizor del anticomunismo, que desconfiaba de la palabra escrita, característica notoria de regímenes tiránicos dispuestos a aplastar la libre expresión por todos los medios.   La invasión planeada por la CIA  y disfrazada bajo el nombre absurdo de ‘Liberación’ tuvo como consecuencia, además del asesinato y la persecución a los que me referiré otro día, una vergonzosa quema de libros en el Parque Central.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desaparecieron de los anaqueles los libros sobre filosofía y sociología; por supuesto, todo lo relativo al pensamiento de izquierda, no importa cuán inocentes fuera. Los libros de tapas rojas eran vistos con grave desconfianza por los funcionarios aduaneros.  Fue publicado el Libro negro del comunismo en Guatemala en cuyas infames listas aparecía mi padre, que era de izquierda mas no  comunista, con una errata que lo hacía llamarse Ovidio Bodas Corzo. Afortunadamente mi padre murió el uno de enero del 55, de manera que se libró pronto del reinado de terror instaurado por Estados Unidos en connivencia con los milicos y la oligarquía nacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En fin, que en mi vida apareció Julio Cortázar, y despertó en mí una pasión desenfrenada. Entre aquellos que han hecho la crítica de lo que he escrito jamás ha habido uno que diga ‘aquí está la huella de Cortázar’. Pero está. No sé dónde, ni cómo llega a expresarse, pero mis más íntimas fibras de escritora dan fe de aquel pasar tembloroso por las librerías, a la espera de otro libro de Julio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la ansiedad de enamorada que no sabe si encontrará o no esa tarde al objeto de su pasión, entraba yo a las librerías y las esculcaba despacio.  Así quedó en evidencia, para los dependientes y los dueños, que esperaba a Cortázar, y en cuanto llegaba un ejemplar lo guardaban para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reuní sus libros y aún ocupan un lugar especial en la biblioteca, en el primer anaquel, a la entrada, en el cuarto estante, a la altura de mis ojos.  Cada vez que busco algo de Julio no dejo de sentir una oleada de furia contra el imbécil que se llevó de la casa las primeras ediciones –que deben haber sido las únicas-- de &lt;em&gt;La vuelta al día en ochenta mundos&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Último round&lt;/em&gt;, dos libros inusuales y bellísimos que Cortázar fue armando con todo cuidado, con Julio Silva, responsable de su esplendor arquitectónico  y visual. Me consuelo manoseando el ejemplar de La prosa del observatorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una copia del retrato que Sara Facio le hizo en 1967, cuando no conocíamos aún el peligro del tabaco y lo disfrutábamos sin remordimientos, está adosada con una chinche al rectángulo de corcho donde viven un retrato de Monteforte, la reproducción de la portada de un libro de mi marido y otros objetos de culto y adoración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le he perdonado que se haya casado con Aurora y con Carol porque mi pasión se refiere a su escritura, extraordinaria, y cuando apareció ese retrato con la muesca en el ceño y el cigarrillo en los labios, me sentí para siempre dueña de Cortázar.  Siento una secreta simpatía por Aurora, no así por la Dunlop, y nunca he podido explicarme esa actitud irracional, pero así son los sentimientos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-9069388275570085227?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/9069388275570085227/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=9069388275570085227' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/9069388275570085227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/9069388275570085227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/01/mi-pasin-por-julio.html' title='Mi pasión por Julio'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-4057774499552208012</id><published>2007-01-16T09:57:00.000-08:00</published><updated>2007-01-16T10:11:02.164-08:00</updated><title type='text'>Les presento a mi padre</title><content type='html'>Mi padre nació en 1906 en un pueblo maravilloso enclavado en el altiplano de El Quiché. El pueblo se llama Chichicastenango y originalmente era un pueblo de indios con algunos ladinos, como llamamos aquí a los mestizos, asentados alrededor del parque. Mis abuelos sentían el gusto por los nombres romanos y los bíblicos, de manera que entre los tíos hubo Augusto, Julia, Marta. A mi padre lo llamaron Ovidio. Como en Chichi no había un instituto de secundaria, mi padre fue a estudiar a Quetzaltenango, de donde pasó a la Ciudad de Guatemala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a trabajar como linotipista en El Imparcial, diario mítico sobre todo por la página cultural de César Brañas, uno de los más destacados poetas guatemaltecos, donde hubo colaboraciones --cómo iba a poder el diario pagar esos honorarios-- de gente de renombre internacional: franceses, españoles e italianos, sobre todo, a los que César conoció durante su estancia en Europa en los años veinte, cuando tantos americanos iban a París atraídos como bichitos por la luz que emitía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto el director del periódico se dio cuenta de las dotes de mi padre para escribir y pasó al cargo de reportero.  Pero ya en la redacción, aquel joven inquieto decidió aprender fotografía y entonces se estableció en el diario como reportero gráfico. Es decir, escribía sus notas y tomaba sus propias fotos. Generalmente eso no sucede en los diarios, pero mi padre escribía como los ángeles y tomaba fotos espectaculares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los veintitantos conoció a mi madre que tenía quince.  Mamá era una joven guapísima; mi padre no era precisamente guapo sino muy talentoso. Se reunían por la tarde en el parque de Isabel la Católica ante la mirada terrible de mi tío Aurelio, que no permitía más que algún apretón de manos. Cuando ella tenía dieciséis se casaron en contra de la opinión de mis abuelos maternos.  Se escaparon a la población de Mixco, que ahora ha sido tragada por la ciudad, mintieron sobre la edad de ella y se casaron en una ceremonia rápida y sin boato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tercera casa que ocupó aquella pareja, cuando ya habíamos nacido mi hermano Ricardo y yo, quedaba en el centro de la ciudad, a dos cuadras de la Catedral. Allí mi padre tenía su estudio en el segundo piso, porque había descubierto su pasión por la pintura y la escultura; además, acomodó la habitación vecina a su estudio como laboratorio fotográfico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé de dónde sacaba tiempo para trabajar y además pintar, esculpir, tocar piano o guitarra, destrezas que aprendió por su cuenta porque le gustaban.  Recuerdo que llegaba a casa cuando terminaba sus labores en el periódico, tocaba el piano para mamá y para nosotros, cenaba y luego subía al estudio o al laboratorio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con sus propias manos preparaba los bastidores y las telas para sus pinturas.  Una vez al año iba a pasar vacaciones a la orilla del lago de Atitlán y a Chichi, que eran sus lugares favoritos. Desde los cuatro años me encaramaba yo con él en el autobús que nos llevaba primero al lago, a la Casa Contenta, en Panajachel.  Recuerdo los panqueques del desayuno, antes de paratir hacia algún lugar despejado, llevando papá el caballete, al que iban adosadas dos telas vírgenes y la caja con los pinceles, las pinturas y el aguarrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo acarreaba mi propia cajita con acuarelas, pinceles y papel.  A veces pintaba, a veces me iba por aquellos montes o playas a explorar el mundo.  Mi país era otro país y la gente era amable. Lo más que podría sucederme es que alguna señora bien intencionada me diera un vaso de limonada o alguna tortilla con queso. Siempre regresaba a admirarme del avance del cuadro, o de los cuadros, porque papá trabajaba con gran rapidez para reproducir la luz de cierta hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue profesor en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y a su debido tiempo la dirigió, durante la época de la Revolución de Octubre del 44, cuando el dictador Ubico había sido defenestrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre fue un hombre dotado con muchas capacidades, pero destacó en la pintura y en la fotografía.  La mayoría de sus cuadros se fueron del país porque eran hermosos paisajes de dos de los lugares que ya eran turísticos en los años treinta y cuarenta, y tenían, como los Garavito y los Gálvez Suárez, un buen mercado; pero muchos óleos todavía me lo recuerdan desde las paredes de las casas de mis hermanos, de mis hijas y de la mía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-4057774499552208012?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/4057774499552208012/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=4057774499552208012' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/4057774499552208012'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/4057774499552208012'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2007/01/les-presento-mi-padre.html' title='Les presento a mi padre'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-281587311538445544</id><published>2006-12-28T09:01:00.000-08:00</published><updated>2006-12-28T09:14:28.297-08:00</updated><title type='text'>Estudio en carmelita</title><content type='html'>En el Museo del Prado hay un cuadro del pintor francés Sèbastien Bourdon que podría ser considerado un extraordinario estudio en carmelita. Se trata del retrato ecuestre que el artista barroco le hizo a la reina Cristina de Suecia. La joven gobernante, a caballo, acompañada por un halcón y varios perros de caza aparece en primer término.  En segundo término, un halconero ostenta en la camisa el único blanco que hay en el lienzo. En el retrato, Cristina luce un elegante vestido de seda cuyas luces dan idea de suntuosidad. El caballo se alza oscuro sobre la tierra, apenas un poco más clara y hasta el azul del cielo se vuelve sombrío por los tonos marrones que ostenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristina fue hija del rey Gustavo Adolfo Vasa, --enemigo acérrimo del catolicismo, que participó con denuedo en la Guerra de los Treinta Años-- y su mujer, María Eleonora, de la casa alemana de los Hohenzollern. Se ha escrito mucho sobre el rechazo de la madre hacia su hija recién nacida porque no fue varón, ni hermosa.  La historia de muchas mujeres, sangre real o no, comienza con el rechazo de los progenitores por causa de su sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La generación de mis padres sufrió el impacto de la interpretación de la reina Cristina  que llevó a cabo su compatriota Greta Garbo, siempre hierática y congelada, pero bella.  En todo caso, la idealización hollywoodense se desbarató muy rápido en casa porque mi padre encargó para mi madre, en la librería de Tuncho Granados, una biografía de Cristina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que la semblanza era del Marqués de Villa-Urrutia y leyéndola descubrí, años más tarde, cómo el rey Gustavo hizo educar a su hija con el mayor cuidado del mundo, otorgándole una educación ejemplar, orientándola hacia el conocimiento, pasión que Cristina habría de sentir toda su vida. Cristina de Suecia y Catalina la Grande de Rusia son dos seres que llamaron mi atención en la niñez, ejemplo de tenacidad y fortaleza, y de cómo pueden aspirar al triunfo las mujeres que han tenido la suerte de educarse desde niñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestros días es más conocida la historia de Catalina la Grande, sin duda porque en las pantallas su compleja historia amorosa se presta a mayor explotación, pero la historia de Cristina de Suecia no desmerece ni puede olvidarse ahora que las mujeres comenzamos a recuperar el terreno perdido durante tantos milenios de patriarcado. La Biblia y el Código Napoleónico pueden consultarse en caso de duda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los personajes que la rodearon dieron luces y sombras a la vida de la soberana: Axel Oxenstierna, su canciller;  Magnus de la Gardie, tal vez el primer hombre que le atrajo; don Antonio Pimentel de Prado, el embajador español de quien se enamoró perdidamente; el cardenal Dezio Azzolino a quien dirigió ardientes cartas de amor --infructuosas según él-- cuando, habiendo abdicado en favor de su primo, y tras su conversión al catolicismo, fue a vivir al Vaticano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro retrato de Cristina a los 41 años la muestra gorda, bajita y con una falda corta muy extraña para la época. La antítesis de la pintura de Bourdon.  Hablando sobre su desinterés hacia el matrimonio y acerca de las vidas de las monjas y las casadas escribió: ‘Mi temperamento es enemigo mortal de este espantoso yugo, que no acepto, así me convirtiera en soberana del mundo. ¿Qué crimen han cometido las mujeres para ser sentenciadas a la triste necesidad de vivir toda su vida encerradas como prisioneras o esclavas?’.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristina murió a los 63 años. Sus restos reposan en la Grotte Vecchie, en la nave central de la Basílica de San Pedro en Roma.  Juan Pablo II fue enterrado a su lado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-281587311538445544?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/281587311538445544/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=281587311538445544' title='7 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/281587311538445544'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/281587311538445544'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/12/estudio-en-carmelita.html' title='Estudio en carmelita'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-2976564891639472456</id><published>2006-12-21T06:04:00.000-08:00</published><updated>2006-12-21T06:09:52.344-08:00</updated><title type='text'>Las galletas y los días</title><content type='html'>Días antes del 31 de octubre mi amiga Dorothy llamaba para recordarme que había que comenzar a hornear.  Armada de miel, almendras, frutas cristalizadas y harina iba a su casa para comenzar el ciclo. Pasábamos una tarde entera amasando y horneando, platicando y sacando de la cocina a las niñas, que querían comerse buena parte del material de las primeras galletas navideñas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dorothy había ingresado en nuestra vida unos cuantos años antes. Nos gustaba ir de visita a Palo Alto, una granja que quedaba entonces fuera de la ciudad, en el kilómetro 16 de la carretera a El Salvador. Los domingos por la tarde subíamos al carro y nos encaminábamos a la casa de los Solé para tomar la refacción.  Un día, mientras batíamos el chocolate en la cocina, Luisa me contó que Pedro, el hijo mayor que estudiaba su doctorado en Estados Unidos, había anunciado su intención de casarse con una neoyorquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luisa fue siempre una mujer encantadora con la sonrisa presta; pero esa tarde en su rostro se marcaba un gesto que le desconocía; estaba preocupada.  La novia de Pedro no sólo era gringa, sino judía. Los Solé se han caracterizado siempre por su apego a la religión católica y están entre las personas más buenas y abiertas del mundo, pero a finales de los cincuenta, una desconocida neoyorquina judía... mmm.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para más inri, Dorothy --porque de ella se trataba-- había viajado por Europa, sola. Ustedes no pueden saber lo que entonces sucedía en Europa en el imaginario de los guatemaltecos. Era &lt;em&gt;ese &lt;/em&gt;lugar con playas nudistas sobre el mediterráneo donde las suecas, &lt;em&gt;esas &lt;/em&gt;mujeres que hacían el amor sin estar casadas, iban a buscar a los pescadores italianos o españoles para acostarse con ellos. No viene de entonces el término latin lover, pero en aquel tiempo tomó más fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran los años en los que los hombres, para convencer a sus novias, utilizaban el discurso de lo liberadas que eran las suecas. Luego de escuchar ese argumento, las novias se preparaban a dar una bofetada. O tal vez no. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encima, Pedro cometió la locura de casarse en Estados Unidos en una ceremonia poco elaborada; imagino que la pareja deseaba librarse de todo el relajo del agobiante vestido de novia, la lista de invitados, la recepción posterior.  Sobre todo, en Nueva York existía la posibilidad de un rito religioso diferente, que dejara satisfechos al católico y a la judía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El doctorado y el casamiento se sucedieron y la pareja vino a Guatemala.  Dorothy y yo hicimos muy buena amistad desde entonces y si no pudimos terminar de criar niños juntas fue porque Pedro obtuvo extraordinarios empleos fuera de Guatemala y la familia viajó por diversos países americanos y europeos. Para mi alegría, retornaban a veces, como los diplomáticos, a enraizarse en Guatemala por unos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las leckerli son unas galletas deliciosas cuya receta se origina en el centro de Europa. La familia de Dorothy las había horneado, durante generaciones, a su propio estilo.  Así aprendí a hacerlas, comenzando con una olla donde se hierve la miel, se añade azúcar y luego frutas confitadas y almendras a discreción.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su hechura es muy importante el olfato: la receta dice tanto de canela, tanto de pimienta gorda, tanto de clavo, una pizquita de nuez moscada.  Pero las especias tienen sus caprichos y la nariz es la única que dice la última palabra. Hay que agregar más, y no siempre lo mismo, para obtener el olor adecuado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al quedar listas, las galletas tienen que guardarse en botes herméticos, con trocitos de manzana bien distribuidos entre ellas. Les dan humedad y un sabor y olor característicos. Por Navidad ya están suaves y a punto para comerse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada año, cuando saco las primeras leckerli de los botes para saber cómo quedaron, Dorothy se presenta ante mí como era en aquellos días de galletas, niños y viajes al Pacífico o a Atitlán. Cuestiones que se entienden en el lenguaje de la amistad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-2976564891639472456?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/2976564891639472456/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=2976564891639472456' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/2976564891639472456'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/2976564891639472456'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/12/las-galletas-y-los-das.html' title='Las galletas y los días'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116483982912195139</id><published>2006-11-29T14:33:00.000-08:00</published><updated>2006-11-30T07:15:41.700-08:00</updated><title type='text'>Amarillo rojizo</title><content type='html'>Debo haber tenido algo así como año y medio. El cielo, un cielo abierto, grande, era azul y carmesí a partes iguales. Brillaba dejando caer la luz en el prado, que a mí me parecía inmenso. El olor penetrante a flores de cambray lo impregnaba todo y en días como hoy me parece volver a sentirlo con la misma fuerza que en aquella tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mamá estaba cerca y decía algo sobre las plantas, el fin de la lluvia, los cielos altos y encendidos de noviembre. No teníamos mucho tiempo de habernos pasado a aquella casa que se alzaba pequeñita en medio de una manzana de terreno. Lejos de la ciudad que en esa época era poco mayor que un pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad es hoy una extendida mancha de construcciones y sorprende a cualquiera que viniendo de El Salvador dé la última vuelta del camino y se tope desde allá arriba con el Valle de la Virgen, con los volcanes Pacaya, Acatenango, Fuego y Agua en el horizonte, una línea aserrada que se extiende hacia el Norte con las montañas del Poniente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en el tiempo de la tarde arrebolada no conocía la ciudad ni sus tentaciones y tenía pocas referencias del entorno como no fueran esos cielos inmensos y profundos, las algodonosas nubes apelotonadas en tiempos de lluvia, listas a explotar en grandes rayos que cortaban la atmósfera dejando su peculiar olor de ozono en el ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, poco antes de acostarme mamá me llevaba al jardín y me mostraba el cielo. Apenas si había casas por aquel rumbo y las constelaciones brillaban sin que nada pudiera impedirlo. En ciertas noches la Luna se deslizaba lentamente por el cielo y su lechoso resplandor teñía de pálido rubio las nubes que se atrevían a cruzarse por su camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mundo era reducido y gigantesco a la vez: mis padres, mi hermano mayor, dos tíos maternos y los abuelos que vivían en Guatemala; los prados inagotables y los cielos abiertos del lugar donde vivíamos, las bandadas de pájaros, el rumor de algunos árboles movidos por el viento. Los abuelos y los tíos y los primos de Chichi no formaban parte de mi vida en ese tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había jardines; unos cuantos arriates que rodeaban la casa de los que mamá cortaba las hojas de geranios con las que a veces perfumaba las limonadas. Después de esa tímida barrera civilizatoria, surgía el prado silvestre donde quizá pastaron vacas luego de que los árboles de encino fueron talados para usarlos como leña y carbón. Los linderos estaban marcados por alambres de púas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucho a mamá hablando de las ovejitas color naranja que van comiéndose los últimos rayos del Sol, del nombre del lucero de la tarde, del color plata de las colas de zorro. Se me mezcla el olor de la piel de mi madre con la fragancia de la tierra arrastrada por el primer viento frío que anuncia la llegada de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tonalidades en el cerebro de esta mujer que soy, aislada a veces en sus recuerdos. No me resulta fácil pensar en estas cosas sin ponerme a llorar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116483982912195139?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116483982912195139/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116483982912195139' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116483982912195139'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116483982912195139'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/11/amarillo-rojizo.html' title='Amarillo rojizo'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116394925513227832</id><published>2006-11-19T07:06:00.000-08:00</published><updated>2006-11-19T10:19:48.180-08:00</updated><title type='text'>Universidad, 1984</title><content type='html'>Mis amigos Héctor, David y Ovidio que iban en un grado superior hacían guardia en las esquinas del corredor para evitar que el catedrático entrara a la clase y se diera cuenta de mis torpes actividades. Era un examen final de la clase de Retórica, donde me había ido mal a lo largo del curso. Entonces, tenía que ganarla a como diera lugar porque no estaba dispuesta a repetir la experiencia. Me fui a la última fila y saqué algunos apuntes para contestar las preguntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de los compañeros se dio cuenta porque ellos, a su vez, sudaban para responder aquel galimatías. Cuando se inició el curso, el catedrático nos recibió con una falsa sonrisa y nos entregó a cada uno de una resma de papeles donde se anotaban los nombres y facultades de las figuras literarias, tema con el que iba a atormentarnos durante todo el semestre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde iba a hacer otra serie de entregas, cada una más farragosa que la otra, y aunque he guardado algunos de los materiales universitarios, jamás he vuelto a ver aquellas hojas mal reproducidas y peor reunidas. Mi relación académica con la retórica comenzó de forma odiosa con el aguijonazo que me dio aquel primer fardo cuyas grapas sobresalían amenazadoras. Se infectó el pinchazo porque el dómine solía andar más bien mugriento y durante semanas entraba yo a clase evitando la cercanía del mentor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel momento pasaban ya diez años de la publicación de mi primer libro y no tenía grandes conocimientos de la retórica, aunque sabía que mi forma de escribir estaba muy alejada de toda preceptiva. Es más, había escrito y publicado en contra de todo lo establecido. Pensaba, y sigo siendo de la misma opinión, que la poesía medida y rimada había sido llevada a sus cotas más altas por los poetas del Siglo de Oro, y todo lo que vino después tratando de seguirlos era pura palabrería precocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El catedrático derramaba toda su labia y su grasa sobre las más jóvenes de la clase. Siempre fue conocido como un aspirante a Don Juan de séptima categoría; además, creo que me tenía un poco de temor. No me lo explico porque en general soy persona amable pero en fin, el tipo no se me acercaba y yo lo agradecía al cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé sin pena ni gloria por aquella clase donde me acechaban palabras tan misteriosas y alarmantes como epímone, hipócrisis, prodiortosis, homeoptoton, catástasis, antorismo, hipozeugma, topofesía, antimetábola y otras que me guardo para no herir sensibilidades religiosas, que todo el mundo tiene derecho a leerme en paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese primer día de clases firmé mi pena de muerte al decir en voz alta ‘homoteleuton, exutenismo, epiquerema…estos parecen nombres de enfermedad’. Y el pedagogo, echándome una mirada de furia puso el sello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso mis amigos hacían guardia durante el tiempo en que copiaba apresuradamente de mis notas a la hoja del examen. El profesor estaba al teléfono, donde otra amiga que no llevaba la clase lo mantenía al pegado al aparato con risitas, afectaciones y balbuceos pueriles. El ayudante que se había quedado cuidando a la clase era poco menos que fronterizo. Y por única vez en la vida gané una clase a puro trinquete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Menos mal, al semestre siguiente apareció don Orlando Falla, maestro verdadero, quien nos quitó el terror que el infame y aceitoso profesor de retórica --en otra ocasión saldrá a relucir-- había instilado en nuestros cerebros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116394925513227832?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116394925513227832/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116394925513227832' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116394925513227832'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116394925513227832'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/11/universidad-1984_19.html' title='Universidad, 1984'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116386097141486386</id><published>2006-11-18T06:37:00.000-08:00</published><updated>2006-11-18T19:42:22.730-08:00</updated><title type='text'>El Gato Mushi</title><content type='html'>Salí a las siete de la mañana y encontré que cerca de la puerta, con la cabeza pegada a la pared de la casa, temblaba un gatito muy pequeño. No lo toqué porque las gatas rechazan a las crías que tienen olores extraños y me fui a dar clase. A las once, cuando regresé, el gatito seguía en el mismo lugar. Fui en busca de las gatas que habían parido recientemente --por el color del pelo no se puede averiguar con certeza quién es la madre-- y las enfrenté con el pequeño. Todas bufaron y se hicieron las ofendidas, alejándose con indiferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé la decisión de criar al gato porque si lo dejaba donde se hallaba pronto el sol le daría toda la tarde y se iba a deshidratar sin remedio. Estaba demasiado asustado como para emprender la búsqueda de su madre y a lo mejor habría pasado toda la noche allí donde se encontraba. Era mínimo, estaba muy frío y se aterró cuando lo tomé entre las manos. Apenas empezaba a caminar tambaleándose. Lo envolví en una toalla y lo dejé en mi cama mientras iba a prepararle un biberón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde salí a comprar una leche para cachorritos, con un alto grado de grasa, que era lo que necesitaba. Así, envuelto en una toalla verde y alimentado con leche para perritos comenzó la segunda oportunidad para el Gato Mushi. Siempre me han gustado los perros y los gatos. Me cuesta establecer relaciones cariñosas con un loro, por ejemplo, y jamás tendría a un pájaro en una jaula. Me parece cruel. Como me parece cruel tener a un hamster dando vueltas eternamente en una rueda. O los tienes sueltos o no los tienes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede ser que soltarlos sea un problema, como sucedió hace años con los ratones blancos de los Dary. Aunque los padres creadores de aquella población que merodeaba alegremente por el garage de la casa hubieran estado inicialmente en una jaula, al reproducirse la creciente familia logró romper la malla, y ya libres se establecieron donde les dio la gana. Era toda una experiencia pararse en la puerta y dejar que se subieran y pasearan por encima de uno con toda la sinvergüenzada del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final, pusieron un letrero en la puerta anunciando que se regalaban ratones blancos y muchísimos niños pasaron recibiendo el suyo, incluyendo los dos que se llevaron mis hijas a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero volviendo al Gato Mushi: cuando lo adopté había en casa dos perros dachshund, raza cazadora por excelencia, de manera que instalé al gatito que en ese tiempo no tenía nombre aún, en el cuarto de huéspedes, a salvo de los instintos perrunos. Había que darle biberón cada tres horas para que estuviera bien alimentado y en esos menesteres se estableció una relación materno filial enriquecedora para ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que no pude lograr fue criarlo como gato tranquilo. Quién sabe qué experiencias tuvo antes de llegar a pegarse desesperadamente al muro de la casa, y durante más de dos años anduve luciendo mordidas y arañazos en brazos y piernas, evidencia del afecto que siente por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene un manto gris brillante que cuando se asolea excesivamente tiende a ponérsele marrón, y un collar blanco de pelo suave que se le extiende por el pecho, una cola esponjada que se enrolla delicadamente en la punta. Como la mayoría de los gatos del jardín de la casa posee la forma grácil y delicada de los gatos orientales. El rostro es una especie de triángulo donde brillan sus ojos, un poco más reposados ahora que ya ha cumplido tres años, y sólo se deja tomar en brazos por mi marido y por mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las noches espera a que la televisión calle sus voces para subirse a la cama, pero tiene un ritual para hacerlo que lo lleva primero a un sofá, luego a la alfombra y sólo al final, cuando cree que nadie lo observa, salta y se acuesta a mi lado. Le gustan la paz y la oscuridad y estoy segura de que es alérgico a la violencia que destilan las noticias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116386097141486386?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116386097141486386/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116386097141486386' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116386097141486386'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116386097141486386'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/11/el-gato-mushi.html' title='El Gato Mushi'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116370442893451500</id><published>2006-11-16T11:01:00.000-08:00</published><updated>2006-11-16T13:27:15.146-08:00</updated><title type='text'>Mi ascendiente malayo</title><content type='html'>Cuando era muy chica leía cuanto caía en mis manos. Cierta noche escuché hablar a mis padres después que habernos acostado. La niña ya lee todo dijo mamá. Mmm, contestó mi padre que estaba empeñado en hacerle un apunte al carboncillo. Tenemos que sacar algunos libros de aquí, insistió mi madre. Y a continuación recitó los nombres de los libros prohibidos. Papá estuvo de acuerdo y el fin de semana siguiente nos encaminamos hacia la casa de los abuelos con dos o tres cajas de cartón repletas con los tomos exiliados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El asunto no me impidió leer nada porque mi tío puso los libros en la librera que estaba en su cuarto; cuando ya asistía al colegio me iba a pasar vacaciones a la casa que para entonces ya solo era de la abuela y me fue fácil leer los libros prohibidos. Pero aún le faltan dos años a la niña para poder contar esa historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermano mayor llevaba a casa toda clase de folletines y libros, además de los que nos compraban. Y en la biblioteca de la casa permanecían todos --una infinidad de libros-- que se habían salvado de la categoría no aptos para menores, en una de las pocas ocasiones en que mi madre actuó como Torquemada. Una Torquemada tropical y benigna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, entre libros serios que francamente no comprendía del todo, pero que me fascinaban por las historias que se escondían entre sus hojas y que percibía a medias, y los folletines de mi hermano Ricardo, mis lecturas entre los cinco y los siete años fueron totalmente diversas y desiguales. No es que mis hábitos en cuestión de lectura hayan variado mucho en ese sentido. Continúo leyendo las cosas más disímiles, y no me arrepiento. Lo que no leo son los libros malos, por lo tanto, los best sellers no aterrizan en casa, salvo casos como Cien años de soledad, que se explican por sí solos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Pero los libros de aventuras! Intercalados con los de Quevedo, que fue el primer clásico que leí por haber encontrado entre las páginas de un libro aquella prosa titulada ‘Gracias y desgracias del ojo del culo’, y luego, su hilarante Historia de la vida del Buscón llamado Don Pablos. Podía avanzar en la lectura de aquel castellano no muy contemporáneo porque mamá nos leía, con cierta frecuencia, de las cartas de Cortés, de Colón, y de otras crónicas de viajeros en América.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sentaba en el suelo de la sala con un libro de Góngora, que era todo un arcano. Reconocía las palabras, pero no lo que querían decir. Hasta años más tarde logré saber lo que escondían aquellas frases quebradas a propósito y sentí cierta superioridad cuando logré descifrar su ciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libritos de Doc Savage, La Sombra, Nick Carter, El Fantasma, se confundían en mi mollera con otros autores más respetables: Karl May y Emilio Salgari. En los libros de este último encontré cierto sentido a algunos afanes míos que no lograba discernir en aquellos cortos años. Salgari escribía, a finales del siglo XIX, tremendas aventuras sobre piratas y aventureros que entraban a saco en mi fantasía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sandokan, el Tigre de la Malasia, el noble malayo a quien los ingleses afrentaron matando a sus padres y robándole el reino, formaba una cuarteta prodigiosa con Tremal-Naik, Yáñez y Kammamuri. Sandokan estaba iluminado especialmente por la luz del romanticismo y toda una novela fue dedicada por Salgari a describir las peripecias del malayo a fin de ganar el amor de la inglesa Mariana. Mariana, como suele suceder en la literatura romántica, murió y entonces un barco fue bautizado con su nombre. El Mariana, protagonista de fieras y sangrientas batallas en el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asistía a aquellos hombres en sus aventuras una cohorte de malayos, dakayos, siameses filipinos, indios, cochinchinos, javaneses y negros que eran audaces, feroces e invencibles y estaban dispuestos a dar su vida en el combate por recuperar las tierras que les habían arrancado los invasores. El exótico ejército se enfrentaba a ingleses, holandeses y españoles rapiñadores de tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi idea sobre la libertad, desde entonces, se concreta en un barco. Y hay algunas personas que, con poca imaginación, han afirmado que mi protagonista Mariana es sólo la inversión de mi nombre. Pero no saben que el nombre de Mariana representa un barco, la libertad total, la rebelión, la sangre, el fuego y la lucha contra los imperios.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116370442893451500?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116370442893451500/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116370442893451500' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116370442893451500'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116370442893451500'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/11/mi-ascendiente-malayo.html' title='Mi ascendiente malayo'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116364075646717686</id><published>2006-11-15T17:21:00.000-08:00</published><updated>2006-11-16T13:36:05.653-08:00</updated><title type='text'>Pasar el aguacero</title><content type='html'>En 1982, tras la asunción al poder de Ríos Montt, comencé a trabajar de manera temporal en la sección cultural de la embajada de Estados Unidos en Guatemala. Tenía tres hijas a quienes mantener y muy buenos conocimientos del inglés; no quería retornar a un diario porque la violencia se había vuelto intolerable y no deseaba morir ametrallada como le estaba sucediendo a muchos de mis colegas. Estaba al frente de USIS, la dependencia que se encargaba de la prensa y de las actividades culturales, una mujer extraordinaria, Maria Louise Telich.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llegada a la embajada no estuvo libre de penas. Mi amiga Mariflor Sobalvarro era la persona que tenía a su cargo el puesto de asistente del agregado cultural, pero se hallaba batallando contra un enemigo insidioso que al final le ganó la guerra y la llevó a la tumba. En otra ocasión hablaré sobre Mariflor, una de las personas más valerosas que he conocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras ella se sometía a una serie de quimioterapias, tomé su puesto y hasta ahí no había problemas. Le estaba haciendo un favor a una amiga y me lo estaba haciendo yo, que comencé a ganar un dinero muy necesario. Mi dilema vino unos meses más tarde, cuando Mariflor empeoró y tuvo que dejar el cargo para siempre. No podía pensar en quedarme con el empleo de mi amiga porque eso significaba aceptar que Mariflor estaba muriendo; durante muchos días anduve con insomnio. Finalmente y empujada por la presión que sentía en la oficina hablé con Mariflor, le conté mis reparos para sustituirla a sabiendas de que estaba enferma y con su risa característica despejó el panorama para que aceptara el empleo formalmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que era el tiempo de Ríos Montt he dicho, y con eso lo digo todo. Lou Telich no logró soportar las barbaridades que estaban ocurriendo en el país y se rebeló contra su propio gobierno, que apoyaba la actuación del gobierno de facto guatemalteco. Lou adelantó el tiempo de su retiro, se separó de su trabajo como diplomática, y fue a vivir a Washington. Antes de irse, ella y el agregado cultural me aconsejaron permanecer al amparo de la embajada como medida cautelar ante lo que sucedía en el país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una de las pocas veces en que trabajé en una oficina, y acostumbrada como estaba desde muy joven a reportear durante la mayor parte del día, me fue duro amoldarme a las horas de trabajo entre cuatro paredes. Hubo dos secretarias, Lissette y Grace que me apoyaron muchísimo para llegar a entender y aguantar el mundo de intrigas que se suscitaban en USIS. Después he aprendido que así sucede en todas partes, pero era mi primera experiencia en el género y estaba espantada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todo, trabajar en USIS fue una experiencia agradable. Acostumbrada a comenzar mi trabajo y a terminarlo en el mismo día, rutina habitual de los reporteros, descollaba sin darme cuenta en aquel ambiente burocrático hasta que cierto día alguien me pidió que bajara la velocidad porque hacía quedar al resto del personal como unos haraganes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi trabajo incluyó el ocuparme de organizar y conducir las oposiciones para los aspirantes a varios tipos de becas; realizar todos los trámites para los viajes de conferencistas, escritores y académicos, los de diversos grupos musicales y de danza que visitaban año con año el país; recibir libros, hojearlos y enviarlos a quienes se beneficiarían con ellos; organizar funciones culturales y escribir reportes sobre mi desempeño. La energía me abandonaba cuando debía preparar tales reportes que, a mi juicio, eran una pérdida de tiempo, pero eran parte de los papeles en los que se basaba mi jefe para solicitar fondos para las actividades del año siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui especialmente feliz durante los años en que el agregado cultural y el director de USIS lograron obtener una gran cantidad de dinero para comprar libros. Llegaban los textos en cajas inmensas, y era un placer revisar las listas y definir a qué universidades iban a enviarse. A veces, cuando busco libros para las clases que doy, encuentro en los anaqueles algunos de aquellos volúmenes que fueron pedidos con tanta ilusión y cuando los hallo gastados por el uso me entra una satisfacción pequeñita pero muy luminosa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116364075646717686?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116364075646717686/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116364075646717686' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116364075646717686'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116364075646717686'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/11/pasar-el-aguacero.html' title='Pasar el aguacero'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116285765382550499</id><published>2006-11-06T15:39:00.000-08:00</published><updated>2006-11-06T16:00:53.836-08:00</updated><title type='text'>Universidad, 1953</title><content type='html'>La primera vez que entré a la universidad tenía quince años. Yo, no la universidad que andaba por los doscientos años y pico y había sido fundada en la Antigua Guatemala. Era el año en que se abría la carrera de periodismo en la Facultad de Humanidades y pude ingresar a esa edad, y sin haber estudiado el bachillerato, porque uno de los artículos transitorios de constitución de la escuela anotaba que aquellos periodistas que tuvieran entre tres y cinco años en la profesión, a tiempo completo, podían ingresar haciendo un examen de equivalencias. Yo tenía justos los tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El director de la escuela era, en ese tiempo, el escritor Flavio Herrera.  Lo recuerdo bien con sus elegantes trajes y la boquilla en la mano, distinguido y afable con los estudiantes, caminando por los corredores de la casona de la novena avenida que ahora alberga al bufete popular. En los cincuenta, aquella sede de la Facultad de Humanidades tenía espacio suficiente para todos los estudiantes y nos parecía inmensa.  En una de sus amplias salas Flavio Herrera examinó mis conocimientos en literatura, arte, lenguaje y otras varias disciplinas para acreditar como válidas mis nociones humanísticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis compañeros en el primer año fueron, entre otras personalidades, Luz Méndez de la Vega, guapísima en sus treinta, Pancho Albizúrez, muy discreto siempre, el padre Accomazzi, quien era la palabra divina para una serie de monjas que se sentaban en las últimas filas del aula, Toni Somoza que vino desde Honduras y ya nunca abandonó Guatemala. Una serie de periodistas entre quienes estaban Chilolo Zarco, Tono Ortiz, Carlos García Urrea; otros que ejercían la profesión y además eran ya abogados como Edgar Alfredo Balsells y el Remachón Chávez, uno de los poquísimos diputados dignos que hay actualmente en el Congreso de la República.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el primer año tuvimos unos catedráticos de primer orden: Pepi Rölz Bennet impartía los cursos introductorios de filosofía y de derecho; el doctor Aguado nos daba lenguaje; Hugo Cerezo Dardón, la clase de literatura universal; la doctora Elisita Fernández  impartía psicología y Andrés Townsend Ezcurra, un peruano de treinta y tantos años, bronceado, de ojos verdes, se encargaba del curso de Historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;David Vela era el catedrático de historia del periodismo; estaba en un momento de su vida en el que tenía dos pares de anteojos: unos para escribir en la pizarra y otros para leer sus notas. Era un quita y pon hipnótico y nos daba sueño a muchos. Enfrenté el problema --puesto que ya sabía mucho sobre el periodismo-- poniéndome unas gafas oscuras y sentándome en una de las esquinas de la fila de atrás, donde podía dormir a mis anchas sin que se notara el desacato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese primer año fue no solo el descubrimiento de la historia, sino de cómo es posible enamorarse de varias personas al mismo tiempo.  El gusto por la historia era paralelo a la fascinación que sentía por Andrés Townsend, con quien me topaba en la piscina de Los Arcos después de jugar tenis.  Llegaba Andrés acompañado de otro peruano, de apellido Mujica. Ambos eran apristas exiliados en Guatemala. Con ellos me asoleaba y hablábamos de política, de cine, de literatura y de otros temas que no les interesaban a los adolescentes con quienes salía yo. Mi novio, Jorge Bennett jugaba tenis varias horas que yo pasaba con los peruanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andrés comenzó a sentir algo más que amistad porque dio en mandarme a casa, además de libros y discos, orquídeas. Unas &lt;em&gt;cattleyas&lt;/em&gt; hermosísimas compradas en el jardín de Marianito Pacheco; firmaba las tarjetas con los nombres de personajes literarios extraídos de los libros que leíamos al mismo tiempo. Mi madre estaba contentísima porque yo tenía un enamorado serio. A ella jamás le gustó Jorge. Y Andrés comenzó a invitarme a tomar el té, los sábados, en ciertas pastelerías repipi que había en la ciudad.  Un cortejo de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé qué habría salido de una relación entre un hombre de treinta y ocho años y una joven de quince. Supe --una periodista se entera de todo-- que viviendo en Costa Rica había tenido amores con Eunice Odio y me entraron celos. Los celos naturales que puede sentir una casi niña por una mujer hecha y derecha y además, bella y talentosa. Recalqué la diferencia de edades entre Andrés y yo a mi madre cuando indagaba sobre la posibilidad de un noviazgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años más tarde vi a Andrés en la tele, cuando era el presidente del Parlamento Latinoamericano; ya hacía tiempo que estaba de regreso en su país  donde descolló en política. Lo rodeaban una esposa muy guapa y distinguida, y varias hijas adolescentes. Una de ellas, creo, es presentadora de televisión en su país. Supongo que el instinto es mucho más fuerte que la razón, porque nunca he querido dejar Guatemala, mi familia, mis amigos; y un matrimonio con Andrés habría significado irme al Perú.  Y lo dejé pasar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116285765382550499?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116285765382550499/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116285765382550499' title='4 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116285765382550499'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116285765382550499'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/11/universidad-1953.html' title='Universidad, 1953'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116230888930023706</id><published>2006-10-31T06:59:00.000-08:00</published><updated>2006-10-31T07:41:47.196-08:00</updated><title type='text'>Fiambre</title><content type='html'>Como la familia de mi madre era española, no tenía tradición de hacer fiambre, sino de comerlo. Mi padre iba hacia las once de la mañana al restaurante Bianchini --que luego se transformó en Altuna-- y que quedaba en el segundo piso de una casa en la sexta avenida y doce calle de la zona uno. Yo lo acompañaba, y mientras preparaban varios inmensos platos echaba una vistazo sobre la baranda para observar el salón de billares que había en el primer piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me llamaba la atención el ruido de las bolas al chocar. Por entonces estaba muy lejos de prever que años más tarde, en la sede de la APG, pasaría al menos una hora diaria jugando pool de una manera desastrosa para exorcizar las maldades del día de los años setenta y ochenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Armados con el fiambre, y metidos en el taxi de Guerrita, como mi abuelo había bautizado al taxista, repartíamos fiambres y llevábamos el último recipiente, rebosante de delicias, a casa. Cuando tenía 16 años, mi amiga María Eugenia Dardón me enseñó a hacer fiambre y desde entonces hasta que mi hija se casó con el dueño de Astoria, siempre disfruté la tarea de comprar, cortar, marinar y comer esa creación sobre la que corren tantas falsedades que, a fuerza de ser repetidas, llegarán a cobrar carta de verdad. Lo cierto es que nadie sabe cómo surgió el fiambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que puede decirse es que fiambre significa carne preparada fría y, en acepción figurada, muerto, pasado. Más allá no doy fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afortunadamente para la familia, que es la que se beneficia de pasar buenos ratos reunida, hace años recuperamos la tradición. Ayer recorrí varios supermercados con mi hija Irene para comprar la mayoría de los ingredientes del plato. Luego fuimos a una quesería y más tarde a una salchichonería. La vuelta nos llevó mucho rato porque esta ciudad es un desmadre y cuando llueve, el tráfico se pone imposible. Si Irene no hubiera manejado, no estaría esta mañana en tan buenas condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por de pronto se han cocinado las remolachas y las habas están en proceso de ser peladas. Hasta ahí llegamos mi asistenta y yo. Pero dentro de media hora llegarán las hijas y los nietos y entonces los cuchillos y las tablas de picar comenzarán sus funciones. Sylvia lleva la voz cantante en lo que al caldillo se refiere. Hace tres o cuatro años logré meter entre los ingresdientes la canela, que agrega un rasgo diferente al sabor total.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy no se cocina en casa. Comeremos sandwiches y papas fritas, limonada, té café y leche. Alguien, como a las siete de la tarde cuando ya todo esté listo para irse a refrigeración, pedirá cerveza y yo me meteré en cama para ver tele mientras el bullicio continúa en el primer piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mañana, por supuesto, será el almuerzo y todos dirán que este año el fiambre está mejor que el del año pasado, contarán los mismos chistes de toda la vida, añadirán otros que se irán mezclando con la mitología familiar. Algunos todavía no comen fiambre. Entre ellos, mi nieta Daniela que se parece mucho a mí en todo, incluso en lo melindrosa que era cuando niña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero comerán, sin duda, en años venideros. Y todos tendrán la receta de María Eugenia y mía, que ha venido a mezclarse con la de Sylvia y la de su amiga Tefa, y tal vez tenga un poco de la receta de Astoria, y seguiremos siendo felices, aún en los momentos en que estemos tristes y deprimidos, porque la nuestra es una familia de las que se reúnen alrededor de las mesas. Y ya se sabe, esas son las mejores.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116230888930023706?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116230888930023706/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116230888930023706' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116230888930023706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116230888930023706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/fiambre.html' title='Fiambre'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116216830777959061</id><published>2006-10-29T16:22:00.000-08:00</published><updated>2006-10-29T16:31:47.796-08:00</updated><title type='text'>Mi Biblioteca de Alejandría</title><content type='html'>En la Wikipedia, esa gigantesca agregación de datos al alcance de cualquier internauta, se dice que casi todo lo que hemos escuchado de la Biblioteca de Alejandría es una utopía retrospectiva. Supongo que así debe ser, ya que lo valioso del pasado siempre queda expuesto a la ilusión de muchas generaciones, añadiendo cada una lo que de su imaginario puede aumentar al mito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo aclarar en qué estado se hallaba la fábula cuando mi madre la desempolvó para nosotros, pero por ella se alza brillante y fresca en mi recuerdo, y aunque la razón me dice que no es cierto lo que me parece saber de memoria, entro al mundo de las creencias y recorro con la imaginación aquella colección de pergaminos y hojas antiguas que fueron arrasadas en diversos momentos de la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La biblioteca fue fundada en el siglo II a.C. por Ptolomeo II, un ser cuya descripción no puede ser más mítica que aquel edificio lleno de estanterías donde se acumularon los conocimientos: fue rubio, melancólico, detestaba la guerra y se complacía en las ciencias y las artes. En aquella época, buscar el elixir de la vida --empresa que persiguió a lo largo de su existencia y no pudo llevar a cabo-- era parte importante de la ciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente al gran palacio donde se albergó la dinastía ptolomeica que gobernó Egipto después de la fundación de la ciudad por Alejandro el Magno, fue construido un palacio llamado Museo porque estaba dedicado a las musas.  Allí, la biblioteca creció rápidamente. Calímaco, más recordado en la historia por su condición de poeta fue el primer bibliotecario de Alejandría y se cree que en su tiempo hubo catalogadas medio millón de obras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la época de Julio César la biblioteca contaba con 700 mil libros, número de obras que creció con los 200 mil que Marco Antonio le entregó a Cleopatra provenientes de la biblioteca de Pérgamo. Y por causa de la intervención de esos personajes históricos, desde nuestra niñez la biblioteca quedó muy ligada a la historia trágica de la bellísima Cleopatra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los sabios que visitaron y consultaron o contribuyeron al fondo de la biblioteca están Arquímedes, Euclides, Aristarco, Erastótenes, Apolonio de Pérgamo, Galeno y la destacada Hipatia de Alejandría, muerta a manos de cristianos extremistas en el año 415 de nuestra era. Hay que anotar que Hipatia, una reconocida astrónoma y matemática, trabajó en la segunda biblioteca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La biblioteca original y la segunda biblioteca debieron afrontar entre otros los siguientes ataques: el incendio de Alejandría, durante el enfrentamiento entre las naves de Julio César y las de los egipcios; la destrucción que en el siglo III ordenó el emperador Diocleciano; y en 391 el patriarca Teófilo de Alejandría, al frente de una multitud, arrasó incluso con el edificio, del que no quedaron más que los cimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestros días los arqueólogos rastrean, entre los tesoros de la antigüedad, el sepulcro de Alejandro Magno y lo que pudo haberse salvado de la Biblioteca de Alejandría, que a juicio de quienes buscan podrían estar en el desierto de Libia.  Escondidos en las arenas ardientes los pergaminos y los papiros muy bien habrían sobrevivido a la torpeza y saña de seres perversos, que cíclicamente, y en el nombre de las creencias religiosas, rompen y queman las evidencias físicas, sin darse cuenta de la inmortalidad del deseo de saber en los humanos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116216830777959061?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116216830777959061/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116216830777959061' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116216830777959061'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116216830777959061'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/mi-biblioteca-de-alejandra.html' title='Mi Biblioteca de Alejandría'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116188988234397136</id><published>2006-10-26T12:02:00.000-07:00</published><updated>2006-10-26T12:11:22.353-07:00</updated><title type='text'>Sobre la libertad</title><content type='html'>En el año de 1977 trabajaba yo para el diario El Gráfico en el periódico de la tarde que llevaba justamente ese nombre: La Tarde.  Allí no se trabajaba por cuartilla sino por resma porque habíamos pocos reporteros para La Tarde y había que llenar sus páginas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis fuentes de información estaban en el Palacio Nacional, donde se encontraban los despachos del presidente y de todos sus ministros y sus respectivas cortes. El vicepresidente despachaba afuera del palacio.  Las del palacio de gobierno casi siempre fueron mis fuentes, y los corredores y las oficinas forradas en madera tallada del Guacamolón me son muy conocidos. También puedo evocar con nitidez los surtidores de agua de azulejos de sus patios, que solían murmurar todo el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apoyados en las barandas del segundo y el tercer piso esperamos muchas veces noticias de poca monta o sensacionales, y recuerdo con afecto esos plantones en compañía de otros reporteros. Mi vida de periodista ha sido plena, y el calor humano de mis colegas me ha tocado siempre. Fue un ancla a la que aferrarse en aquellas épocas sembradas de terror y de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por razones que no vienen al caso, Jorge Carpio, director de El Gráfico y La Tarde salió de mala manera de la Asociación de Periodistas de Guatemala, la única entidad de prensa nacional que existía en ese momento.  Jorge era mi amigo desde la época en que enamoraba a su esposa, Marta Elena Arrivillaga, varios años atrás.  Jorge tenía grandes ambiciones políticas que lo llevaron a arruinar sus propios periódicos y por las que años más tarde, en un incidente muy confuso, fue asesinado en las cercanías de Chichicastenango.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en 1977 Jorge todavía no se percataba de la equivocación que estaba cometiendo y, en un arranque de despotismo, exigió que todos los que trabajábamos en sus empresas dejáramos la APG y nos uniéramos a una entidad un tanto heterogénea que fundó en compañía de otros periodistas alejados de la APG en diversas circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que había puesto mis pies en la casa que alberga a la APG desde los diez años, y que continúo perteneciendo a la asociación hasta este día, hice caso omiso de aquellos requerimientos del director. La fidelidad es tal vez una de mis características más acusadas. Y ella, sin duda, me salvó de morir en los años siguientes. Pero eso es un enano de otro cuento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que a finales del año, Jorge aprovechó la fiesta de las vísperas de Navidad y Año Nuevo para anunciar un aumento general de salarios. Y tras el besamanos de rigor, se dirigió a su despacho no sin antes invitarme a seguirlo.  Ya sentado ante su escritorio puso cara de aflicción.  Yo era la que menos tiempo tenía de trabajar en sus dominios y como la empresa estaba pasando por dificultades económicas, no tenía otro remedio que suprimir mi plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora no recuerdo si al salir me sentí triste o aliviada. Pero siempre he sabido que la libertad tiene un costo que no todos están en condiciones de pagar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116188988234397136?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116188988234397136/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116188988234397136' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116188988234397136'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116188988234397136'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/sobre-la-libertad.html' title='Sobre la libertad'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116138254776757186</id><published>2006-10-20T14:31:00.000-07:00</published><updated>2006-10-20T15:17:27.033-07:00</updated><title type='text'>Las mujere tenemos curvas</title><content type='html'>Las mujeres reales tenemos curvas. No somos esas flacas y anoréxicas escobas en las que nos quieren convertir a fuerza de ofrecernos cosas raras en los medios de comunicación. Cosas raras: los vestidos que llevan puestos las modelos en la mayor parte de pasarelas del mundo. Jamás he visto a una mujer de carne y hueso --es decir, real-- vestir esos sueños mojados de los diseñadores: telas transparentes, o metálicas, o boas improbables que se arrastran por el suelo. De todas maneras, esos adminículos, que no pueden ser llamados de otra manera, se ajustan al cuerpo de la modelo con tape y con alfileres, solo que esa parte del show no se le explica a los asistentes ni a quienes ven las fotos en los diarios más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cosa rarísima: el modo de caminar de las modelos, poniendo un pie delante del otro con el consiguiente bamboleo de las caderas. Si las mujeres --o los hombres, que también han sido convertidos en objeto-- camináramos así, los ortopedistas estarían entre los médicos mejor pagados del mundo: articulaciones desencajadas, tobillos torcidos, huesos rotos por las caídas, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no raro sino peligroso: la cantidad de drogas ilegales que consumen las mujeres para paliar el hambre y poder vivir de cuatro hojitas de lechuga y un vaso de agua mineral. Cosa insana: las drogas en forma de cápsulas, comprimidos o gel --a veces supositorios-- que las mujeres tienen en casa para expeler cualquier alimento que hayan metido en la boca y que les va a hacer aumentar algunas onzas. Cuando las drogas que provocan diarrea se mezclan con los diuréticos el peligro se acentúa a grados perversos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de unas décadas de sana aceptación de cuerpo y esencia femeninos, que hay que agradecer al feminismo, a los niños de las flores y a la revolución sexual, por ahí por los años ochenta, con el ascenso de los yuppies y del dinero como dios esencial, se reprodujeron las robots que usaban vestiditos negros cortos y ajustados. Pero en los noventa el asunto cobró características nunca vistas y en consecuencia, una gran cantidad de las mujeres en el mundo occidental comenzó a vivir entre una inseguridad casi esencial por el miedo a ser espantosas y el hambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anorexia, la bulimia y la depresión cundieron. Y la descalcificación, la desnutrición y los problemas de salud por una alimentación insuficiente florecieron justamente en la parte del mundo donde hay suficientes alimentos. Los esqueletos ambulantes caminan por las calles al lado de los corpachones gelatinosos de los adictos a las grasas y al azúcar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercado, que es la forma políticamente correcta de llamar al capitalismo, se ha beneficiado con la venta de todos los productos cosméticos o no, para ser o parecer flaca. También se ha llenado los bolsillos con la venta de hamburguesas, pasteles, dulces y gaseosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero las mujeres no somos ni hemos sido nunca palillos de dientes ni toneles de grasa. Sería interesante reflexionar en lo que somos y lo que necesitamos comer y hacer para estar sanas y felices. Otro día hablaremos de las cirugías plásticas innecesarias que también han hecho muy ricos a los médicos que cortan y pinchan, rellenan y tasajean a las víctimas del mercado y de la publicidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116138254776757186?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116138254776757186/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116138254776757186' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116138254776757186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116138254776757186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/las-mujere-tenemos-curvas.html' title='Las mujere tenemos curvas'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116104615194892790</id><published>2006-10-16T16:48:00.000-07:00</published><updated>2006-10-16T17:56:50.790-07:00</updated><title type='text'>Los 40 bramadores</title><content type='html'>Cuando era muy niña mi padre llevó a casa un libro cuyo nombre recuerdo bien: Los cuarenta bramadores. Se trataba del relato de la aventura de un marino solitario, cuyas proezas llevó a cabo en épocas en las que no había radares ni sonares. Había en aquel libro que me gustaría recobrar unas fotografías que contribuían a dramatizar más la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viajero era Vito Dumas un deportista argentino que decidió darle la vuelta al mundo en su velero, el Lehg II. Un barco de apenas nueve metros y medio que lo llevó por la terrible zona de &lt;em&gt;Los 40 Bramadores&lt;/em&gt;, ubicada al Sur del paralelo de 40 grados y azotada permanentemente por vendavales que soplan desde el Oeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de ese argentino, me parece, solamente dos embarcaciones habían logrado hacer unos viajes similares, pero no rodeando completamente la Tierra; además, eran embarcaciones mayores, con un capitán y una tripulación completa. Jamás un barco tan pequeño y un solo hombre a bordo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su viaje Vito zarpó de Buenos Aires o quizá de Montevideo, no recuerdo bien, para rodear primero el Cabo de Buena Esperanza, la parte más austral de África; luego navegó por el Sur de Australia y Nueva Zelanda en el tramo más largo de su ruta a través del Océano Pacífico. Finalmente, como si no fuera suficiente, dobló el Cabo de Hornos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos cabos eran reputados como lugares terribles para la navegación por los vientos y tormentas que los azotan constantemente. Para más inri, Vito decidió realizar su periplo con la Segunda Guerra Mundial en pleno auge. Creo que era el año 42.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro no atrajo mi atención al principio; no fue sino hasta que una noche mis padres hablaron de la valentía de aquel hombre, que en plena tormenta se había amarrado varios días al timón de la embarcación porque estaba enfermo y tenía que maniobrar entre las embravecidas olas o hundirse con el velero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa expresión del coraje me atrapó y al día siguiente me pegué al libro y no paré hasta terminarlo. Desde entonces hay algo dentro de mí que me exige viajar al Sur a conocer el estrecho y peligroso paso marítimo en la costa del Cabo de Hornos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que, en cierto modo, he tenido mis propios cabos y los he doblado con firmeza. Pero el llamado hacia el Sur es cada vez más apremiante y no sé si podré ir antes del último Poniente&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116104615194892790?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116104615194892790/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116104615194892790' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116104615194892790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116104615194892790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/los-40-bramadores.html' title='Los 40 bramadores'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116092684308250889</id><published>2006-10-15T08:15:00.000-07:00</published><updated>2006-10-15T08:43:35.396-07:00</updated><title type='text'>Reiterada infelicidad</title><content type='html'>Una amiga ha escrito sus memorias --en vez de memorias había puesto memes, las palabras traicionan-- y las dedica a un único tema: lo infeliz que ha sido en su vida. El libro en sí mismo pareciera ser un tratado de la desventura de una mujer nacida en el siglo XX en Guatemala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que se refiere a marido y amantes, pero solamente para sacar a asolear las vivencias dolorosas de tales relaciones. Es cierto que habla de viajes, pero solo para poner de manifiesto lo mal que se ha sentido en aviones, ciudades desconocidas, aeropuertos y otros sitios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me parece que podría haberse ahorrado el trabajo de ir rebuscando en la memoria. O tal vez tenía que sacar esos recuerdos para exorcizarlos de una vez. A lo mejor de ahora en adelante podría ser feliz. A lo mejor su felicidad es, justamente, el sufrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco dice de sus hijos, y los hijos suelen ser fuente de alegría. De preocupaciones, sí, pero sobre todo de alegría. Nada habla de sus alumnos, que al igual que los hijos, ofrecen múltiples oportunidades para sentir afectos y aprender de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco o nada relata de las deliciosas relaciones amorosas, que surgen y desaparecen como todo en este mundo. Solo un constante lloriqueo sobre las pérdidas que ella misma anota como sucesos similares en el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salpicadas, por aquí y por allá aparecen unas cuantas experiencias dichosas, que por supuesto, van a morir en el drama que les sigue. A mi amiga no le dio tiempo de subirse al tren del feminismo porque de lo contrario se habría fijado en la gran libertad de que ha gozado. Libertad que le permite exteriorizar sus vivencias, buenas o malas, y dejarlas en blanco y negro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116092684308250889?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116092684308250889/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116092684308250889' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116092684308250889'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116092684308250889'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/reiterada-infelicidad.html' title='Reiterada infelicidad'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116084534218701598</id><published>2006-10-14T09:52:00.000-07:00</published><updated>2006-10-14T10:03:38.606-07:00</updated><title type='text'>Angustia familiar</title><content type='html'>Hoy quiero hablar de mi tía Marta. Nació y vivió toda su vida en Chichicastenango. Me gustaba ir a verla y pasar unos días con ella y mi prima Vilma en su inmensa casa situada en una de las partes más altas del pueblo. De niños, los primos nos reuníamos para Semana Santa en Chichi y a varios nos gustaba echar pino en el piso de madera del altillo y poner encima de esa alfombra olorosa y verde los colchones en que íbamos a dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la ventana de mi cuarto en el altillo se veían las torres de la iglesia y los techos de teja de las casas que quedaban al sur. Jamás pude ver el cerro donde se venera a Pascual Abaj porque Chichi está sembrado entre altos montes y las nubes suelen cubrir el pueblo arropándolo entre su grisáceo manto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pequeños no prestábamos atención a las cuestiones de los mayores. Salíamos corriendo atropellándonos por las calles y asustando a la gente que veía mal a la bandada de niños gritones cuyas costumbres no eran ortodoxas. Al menos para Chichi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya adolescente comencé a darme cuenta de que mi tía no salía casi nunca, Comía a las horas exactas, acompañándose de unas pastillitas color rosa que siempre llevaba en un bolsillo. Se quejaba de que sufría del corazón y en muy pocas ocasiones la vi bajar la cuesta que conducía al pueblo. Para sacarla era preciso parquear el carro frente a la puerta. Entonces se subía feliz y nos íbamos hacia el río del molino u otro paraje de esos maravillosos donde hacíamos día de campo y ella permanecía muy tranquila bajo la sombra de algún árbol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tarde, cuando ya tuve hijas y llegaba con ellas a Chichi noté que la tía Marta vivía un suplicio: tenía toda una serie de síntomas aterradores, temía morir en cualquier momento y ya no sentía gusto por ir en carro. Años más tarde, cuando un médico me diagnosticó el desorden generalizado de angustia que ha sembrado de horror algunas épocas de mi vida, y que me llevó –igual que a mi tía— hasta la agorafobia, comprendí lo que había sufrido Marta, a quien siempre acusaron de neurótica. Para entonces, Marta ya había muerto y los valiums no le sirvieron de gran cosa en vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos días me encuentro dejando cautelosamente los medicamentos que debo tomar a veces, cuando la angustia –que es un mal genético sin duda porque varios en la familia la sufrimos—hinca su afilada trompa en mi cerebro y amenaza con dejarme encerrada para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cada vez que la vida, triunfal y gloriosa, le gana el pleito a la angustia pienso en Marta y en sus terribles días.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116084534218701598?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116084534218701598/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116084534218701598' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116084534218701598'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116084534218701598'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/angustia-familiar.html' title='Angustia familiar'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116068110381722424</id><published>2006-10-12T12:18:00.000-07:00</published><updated>2006-10-12T12:25:03.823-07:00</updated><title type='text'>Los amigos, siempre</title><content type='html'>Si alguna vez llego a publicar mis memorias una de las personas que surgiría en esas páginas con toda la fuerza de su presencia es mi amigo Mario Dary.  Tiene ya muchos años de haber muerto en medio de aquella vorágine que nos hundió como personas y como país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario destacó como biólogo e investigador, promotor de muchas causas científicas, académico de primer orden, pero sobre todo, amigo fiel. Además, valiente. En los años más negros de la represión aceptó una candidatura a la rectoría de la USAC, que de ganarla significaba, en aquel momento, una muerte segura.  Y ganó la elección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué difícil fue enfrentar a Gaby, su esposa, y a sus hijos que crecieron al lado de mis hijas, en aquella terrible circunstancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prefiero recordarlo como lo conocí: al lado de un telescopio en alguna casa de la zona 5 de la ciudad.  Eran los sesenta, por lo tanto, podíamos reunirnos al lado de un aparato que luego se volvió peligroso porque en la noche podía confundirse con un arma, justo en aquellos momentos en que se veía enemigos del gobierno por todas partes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compartimos el amor a la astronomía y la pasión por coleccionar conchas y caracoles.  La colección de él siempre fue superior a la mía.  Mis mejores ejemplares los doné al pequeño museo de historia natural del Jardín Botánico que él impulsó,  donde --al lado de la sala donde se hallaban unas inmensas muelas de mastodonte encontradas al final de la Avenida Petapa, cuando la ciudad se convierte casi en Amatitlán-- brillaban en su pequeñez espléndida los caracoles y las conchas con ese lustre que solo la naturaleza otorga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el pasar de los años lo siento más real y a veces me alegro de que se haya ido joven, pero firme en sus trece.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116068110381722424?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116068110381722424/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116068110381722424' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116068110381722424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116068110381722424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/los-amigos-siempre.html' title='Los amigos, siempre'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35863423.post-116058589464618744</id><published>2006-10-11T09:53:00.000-07:00</published><updated>2006-10-11T14:06:34.713-07:00</updated><title type='text'>El vikingo del siglo XX</title><content type='html'>Entre las historias que siempre me han gustado por reales y porque apelan a mi fantasía está la del alemán Alfred Wegener, el autor de la teoría de la deriva de los continentes. Nació en 1880 y a los treinta años comenzó a darle publicidad a su idea de un continente primitivo del que se habían desprendido, a lo largo de eones, enormes fragmentos de lo que llamamos tierra firme. Estos fragmentos vinieron a convertirse en los continentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los escasos conocimientos de geología de hace un siglo --por falta de instrumentos de medición-- resulta asombroso y refrescante que aquel joven alemán lograra desarrollar una hipótesis que persiste y se matiza lo que preconiza la ciencia actual y que él no pudo prever: la subducción de las placas tectónicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estudió y trabajó dando clases de astronomía y meteorología --dos de mis pasiones varias-- y viajó intensamente. Con su hermano Kurt estableció el récord de 52 horas de vuelo ininterrumpido. Dirigió su atención a muchas disciplinas y por lo tanto, vivió más intensamente que el resto de los mortales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1906 dirigió su primera expedición a Groenlandia, y durante dos años tomó notas científicas de las razones de muchos fenómenos climatológicos, incluyendo la inversión térmica, el origen de los huracanes y de las auroras boreales. Durante su cuarto viaje a Groenlandia, tierra que amó y que siempre tuvo un intenso atractivo para él, salió del campamento donde estaban asentados hacia un terreno costero en busca de provisiones para todos. El día anterior, primero de noviembre, había cumplido 50 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no regresó jamás. Había una temperatura de -50 grados centígrados y el viento soplaba cruelmente. Su cadáver fue hallado en la primavera envuelto en su bolsa de dormir y una piel de reno. Le había fallado el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gobierno alemán ofreció a su viuda enviar un barco para recupera el cuerpo y recibirlo con honores en su país. Pero la viuda, Else, decidió que permaneciera allí, en el terreno que tanto amó. En todo este tiempo ha estado hundiéndose profundamente en un glaciar y algún día flotará con los hielos, como barco de vikingo antes de hundirse para siempre en el mar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35863423-116058589464618744?l=arodas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://arodas.blogspot.com/feeds/116058589464618744/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35863423&amp;postID=116058589464618744' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116058589464618744'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35863423/posts/default/116058589464618744'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://arodas.blogspot.com/2006/10/el-vikingo-del-siglo-xx.html' title='El vikingo del siglo XX'/><author><name>Ana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07238438211677687319</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
